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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 10. ¡Me engañaste!

Era un ejercicio de fuerza no seguirla. Elijah no sabía explicar por qué, pero solo se había quedado sentado en su auto, como si esperara un cambio divino, algún milagro que le señalara el camino correcto. Pero por desgracia ese no existía. Cuando vio a Lynett salir un poco más tarde, fue solo para dirigirse a la joyería, y Elijah sabía que cobrar aquel cheque era lo único que se interponía entre ella y un avión con destino a Italia, así que dio la vuelta a su auto y se fue a su casa sabiendo que quizás aquella sería la última vez que la vería.

Sin embargo Lynett salió de la joyería y volvió a tomar un taxi en dirección a la casa de su madre, donde por supuesto los gritos eran mayúsculos. Florence ya se había dado cuenta de que la supuesta visita de Elijah no había sido gratuita y que se habían llevado todo lo que había en el taller de su difunto esposo.

—¡Tú! —gruñó viendo a Lynett y caminando hacia ella con expresión amenazante—. ¡Quiero que devuelvas todo! ¡Absolutamente todo lo que te llevaste!

La muchacha la miró por primera vez en su visa con aquel gesto de sarcasmo y negó.

—No, Florence, gracias. Las cosas de mi padre son mías y punto, solo vengo a pagarte por ellas, puedes tomar el dinero o puedes seguir haciendo escándalo, pero no las devolveré —sentenció con firmeza.

—¡Entonces te voy a denunciar a la policía! —le gritó su madre—. ¡Voy a denunciar el robo para que vayas presa y…!

—Hazlo, por favor hazlo. Me encantará ver cómo esos más de treinta contenedores pasan a ser evidencia policial, investigados y escrutados hasta la última pieza —declaró ella y vio a su madre ponerse lívida en un segundo.

Y en ese instante lo confirmó: había algo allí, algo en aquellos contenedores que su madre no quería que nadie encontrara. Durante los últimos cinco años Lynett había tenido mucho tiempo para pensar y comprender todo lo que había dejado atrás, ahora estaba segura de que cada una de sus suposiciones eran correctas.

Sacó dos mil dólares en efectivo de su cartera y los lanzó a una mesa cercana.

—Cóbrate y olvídate de mí —siseó y se dio la vuelta, pero un tirón brusco de su madre la detuvo.

—¡Ni se te ocurra, Lynett! ¡Quiero de vuelta las cosas de tu padre! ¡Debí incendiar el maldito cuartucho hace tiempo! ¡¿Por qué no incendié el maldito cuartucho hace tiempo!? —exclamó furiosa.

—Porque creíste que algo de valor había ahí —gruñó Lynett—. Porque nunca vas a dejar de ser una interesada. ¿O crees que no sé todo lo que Lyn y tú orquestaron para que Elijah se casara con ella? Y desde antes… también desde antes ¿no es así? —Florence retrocedió y la muchacha sonrió con sorna—. A la próxima dile a tu amante que se cuide la lengua. ¿O ya lo desechaste, como desechas todo lo que no te sirve?

La cara de Florence adquirió un tono rojo y violento, pero antes de que pudiera replicar nada ya Lynett se alejaba de allí lo más rápido que su pie malo se lo permitía. Caminó una calle, dos, tres, cuatro, hasta que su celular comenzó a sonar y atendió aquella llamada de Gianni.

“Oye, Caperucita. Te están siguiendo”, le advirtió él pero Lynett no se detuvo.

—¿A pie o en auto?

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