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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 16

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 16. Una cama disponible

El rostro de Tadeo Reyes estaba desencajado, y cualquiera que hubiera creído que la mujer frente a él lo estaba disfrutando, la verdad era que no era así. Michelle no mentía al decir que lo había sacado de sus pensamientos hacía años, y que lo que hacía o no, no tenía nada que ver con él, porque ni ganas de vengarse le quedaban.

Sin embargo eso era lo último que se le podía decir al narcisista niño rico.

—¿Felizmente? —replicó con sorna—. ¿Creíste que no escuché lo que le dijiste hacía un rato, que lo tiene del tamaño de un Tic Tac? ¿Qué tanto te puede satisfacer o hacer feliz eso?

Michelle se cruzó de brazos mientras lo miraba de arriba abajo con expresión sarcástica.

—Tadeo, lo que yo diga o no para molestar a mi esposo no es asunto tuyo, pero si tienes curiosidad por lo que mi marido tiene entre las piernas… lo siento, pero creo que no es gay —sonrió con descaro.

—¿Qué carajo estás diciend…?

—¡Pero yo me presto para exhibición! —resonó una voz ronca tras ellos y Tadeo se giró mientras Sebastian se acercaba con paso calmado y seguro.

No había tenido la intención de intervenir, pero algo en el tono del tipo en aquella última pregunta le había disparado todas las alarmas.

—¡¿Disculpa?! —gruñó Tadeo y Sebastian llegó junto a Michelle, pasando un brazo posesivo alrededor de su cintura.

—Pues eso, si estás interesado en una exhibición, no tengo problemas —respondió con sorna—. Honestamente no voy bajándome los pantalones por ahí por no humillar, pero si tú necesitas comparar…

Una mano fue a ajustarse la entrepierna de los pantalones vaqueros con un gesto mecánico que por supuesto llamó la atención del magnate al bulto que había debajo de los jeans.

—Y… no pudo evitar mirar —sonrió Sebastian.

—Nop, no pudo —añadió Michelle con fingido dramatismo y Tadeo Reyes acabó poniéndose más rojo que el paño de un torero.

Lo escucharon bufar con rabia antes de darse la vuelta y largarse de allí, porque sabía que no podía golpear al nuevo marido de la heredera familiar sin buscarse un problema serio con la señora Constance.

Cuando sus pasos por fin se atenuaron en la oscuridad, por fin aquel brazo de Sebastian bajó poco a poco, soltándola.

—Escuché lo que le dijiste —murmuró y Michelle hizo un puchero como si no se diera por enterada.

—Escuchar conversaciones ajenas no es educado, príncipe…

—Escuchar las conversaciones de mi esposa con otro tipo no es pecado.

—¡A buenas horas te acuerdas de que tienes esposa! —replicó ella con molestia.

—¡Ya ya, le confirmé a la bruja de Lorena lo del Tic Tac y te aseguro que no va a volver a acercárseme! —intentó calmarla Sebastian porque ya iba conociendo la clase de fiera que tenía entre las manos y era mejor tenerla apaciguada. Sin embargo la curiosidad estaba allí y no podía evitarla—. ¿De verdad te crees todo eso que le dijiste?

—¿De qué hablas? —preguntó Michelle sin comprender.

—Eso de que prefieres estar casada conmigo que con él.

—¡Estoy casada contigo y no con él, príncipe! ¿¡Esa no es una pista suficiente!?

—¡Pues no del todo, porque no es verdad que salgas económica! ¡Quemas muchos pollos! ¡Los pollos son caros! —replicó él abriéndole los ojos.

—¡Sebastian!

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