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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 81

C81- CENA DE COMPROMISO.

La mansión Stanton resplandecía bajo el brillo de las luces de araña que colgaban de los altos techos. Cada rincón estaba decorado con un lujo desmedido. Y los miembros más importantes de la familia y otros invitados de renombre comenzaban a llegar, envueltos en trajes impecables y vestidos deslumbrantes, sus voces llenaban el aire con murmullos elegantes.

En una de las habitaciones del segundo piso, Grace se encontraba frente al tocador. Estaba peinando el cabello de Olivia, pero sus movimientos eran lentos, casi mecánicos. La presión en su pecho crecía con cada segundo, como si algo invisible la estuviera aplastando desde dentro. Y respiró profundo, intentando calmar la maraña de pensamientos que giraban en su mente.

—Grace... ¿qué tienes? —preguntó Olivia de repente, mirándola a través del espejo.

Grace parpadeó, saliendo de su trance y forzó una sonrisa, acariciando suavemente la cabeza de su hija.

—Nada, cielo... Estoy bien.

—Estás diciendo mentiras, Grace —interrumpió Emma desde la cama —. Seguramente estás triste porque papá se va a casar con la bruja.

Grace giró la cabeza hacia Emma, sorprendida. La niña bajó la mirada, con los labios apretados.

—Todos estamos tristes, también. Papá no nos escuchó.

Grace frunció el ceño, ahora más curiosa que otra cosa.

—¿Escuchar?

—Sí —contestó Olivia con una dulzura infinita—. Le dijimos que se casara contigo, Grace.

Ella sintió que el aire se atascaba en su pecho, pero Olivia continuó, ajena a su conmoción.

—Sabemos que tú y papá se gustan. Por eso se besan.

La vergüenza subió como una ola ardiente por su cuello hasta su rostro y tragó saliva, intentando mantener la normalidad.

—Niñas... eso…

—Papá nunca ha besado a Alessia —dijo Emma, con una seriedad que contrastaba con su corta edad—. Por eso pensamos que... que te quería.

El corazón de Grace comenzó a latir con fuerza, tan rápido que sintió que las niñas podían escucharlo. Las palabras de Emma resonaban en su cabeza, golpeando algo profundo en su interior, algo que debería mantener enterrado. Y antes de que pudiera decir algo, las dos niñas se levantaron y corrieron hacia ella, rodeándola con sus pequeños brazos.

—Queremos que seas nuestra mamá, Grace —dijeron al unísono, con sus voces llenas de tristeza—. No queremos a Alessia. ¡TE QUEREMOS A TI!

Ella cerró los ojos, sintiendo un torrente de emociones que amenazaba con desbordarse. El abrazo de sus hijas era cálido, pero sus palabras eran un peso imposible de ignorar. Las lágrimas comenzaron a arremolinarse en sus ojos y volvió a respirar hondo, intentando contenerse.

—Emma, Olivia... —dijo, mirándolas con el corazón en la garganta—. Yo...

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