CAPITULO 44- TÓXICO DE PRIMER NIVEL.
Antes de que Grace pudiera reaccionar, la atrapó por el brazo, obligándola a girarse hacia él.
Esta vez no hubo palabras.
Esta vez, la besó.
El contacto fue explosivo, un choque de fuerzas opuestas. El beso era profundo y ardiente, como si el quisiera quemar todos los muros que Grace había levantado entre ellos. Sus labios se movieron con urgencia, con una necesidad que parecía devorarla, buscando algo más que solo un momento: buscaban someterla, convencerla, poseerla, amarla.
Por un instante, Grace sintió cómo su cuerpo respondía, casi traicionándola. Pero entonces, como un rayo frío que la atravesó, recordó quién era. Y más importante, recordó quién no estaba dispuesta a ser.
Con un movimiento rápido y certero, sus dientes se cerraron sobre el labio inferior de Lucien. No lo suficiente para hacerle daño grave, pero sí lo justo para que él retrocediera, sorprendido, con una mezcla de dolor y desconcierto.
—¿Qué demonios, Grace? —murmuró, llevándose una mano al labio, donde una fina línea de sangre comenzaba a aparecer.
Ella lo miró como si nada de lo que acabara de ocurrir la hubiera afectado. Y en cambio le dio una sonrisa sarcástica, casi cruel.
—¿Esperabas que me derritiera en tus brazos como una niña tonta? —dijo, con ironía. Luego, inclinó ligeramente la cabeza, como si lo estuviera evaluando—. Qué decepcionante de tu parte.
Lucien frunció el ceño, aún sorprendido por su reacción. Había conocido a muchas mujeres, pero nunca a alguien como ella. Nunca a alguien que pudiera enfrentarlo de esa manera y salir airosa.
—No sabía que tenías esta faceta, Grace —admitió y se lamió la sangre, causando que Grace tragara nerviosa ―Me gusta.
Ella soltó una risa seca.
—Hay muchas cosas que no sabes de mí. Y, francamente, prefiero que siga siendo así.
Grace se dio la vuelta sin más, pero Lucien no estaba listo para rendirse.
—Espera. ―dijo intentando detenerla otra vez ―Al menos déjame llevarte a casa.
—No necesito que me lleves a ninguna parte, existen autobuses en esta ciudad. Además sé cuidarme sola.
Él soltó un suspiro, resignado, pero no dispuesto a dejarla completamente desprotegida.
—Al menos deja que te llame un taxi, ¿de acuerdo? Después de todo es mi culpa que… pues… que tengas que regresar sola.
Grace lo miró directamente, sus ojos llenos de determinación y una pizca de cansancio. Luego soltó una risa amarga.
—¿De verdad, Lucien? Ah, el gran caballero quiere redimirse. Qué irónico.
Él frunció el ceño, sorprendido por el tono mordaz.
—Grace, sé que cometí errores… pero no tienes que ser tan dura.
Ella ladeó la cabeza, su expresión entre burla y decepción.
—¿Dura? ¿Tú crees que esto es ser dura? Cuando te conocí, pensé que eras el hombre perfecto. Pero resultaste ser la razón por la que una mujer como yo aprende a poner límites. Eres un recordatorio constante de lo que no quiero en mi vida.
Lucien apretó las cejas.
―¿Me estas llamando toxico?
―Del mas alto nivel ―dijo ella cruzando los brazos.
Lucien retrocedió un paso, claramente perplejo, como si alguien acabara de lanzarle un balde de agua fría. Sus ojos buscaron los de ella, tratando de encontrar alguna señal de la mujer que él creía conocer.
—¿Dónde está mi dulce Grace? —preguntó, casi como si estuviera hablando con un extraño.

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