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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 28

CAPÍTULO 28- PAJARITO.

Al día siguiente, Grace despertó con una sensación extraña. Algo pesado descansaba sobre su pecho, dificultándole moverse. Parpadeó varias veces, intentando despejar la somnolencia, y cuando sus ojos se abrieron del todo, su respiración se detuvo por un instante.

Lucien estaba allí, dormido sobre ella. Su cabeza descansaba contra su pecho, su brazo rodeándola de manera protectora. Los ojos de Grace se abrieron de par en par, completamente sorprendida. No podía creer lo que veía.

Sin embargo, su mirada se detuvo en su rostro. Dormido, Lucien parecía menos intimidante, más vulnerable. Su mandíbula fuerte y perfectamente delineada, sus pómulos altos y su nariz recta lo hacían parecer sacado de una pintura. Pero lo que más llamó su atención fueron sus labios, ligeramente entreabiertos mientras respiraba con suavidad. Era, sin duda, un hombre increíblemente atractivo, casi irresistible. Grace sintió cómo su corazón comenzaba a latir más rápido, como si quisiera escapar de su pecho.

Por un momento, se permitió observarlo, intentando entender las emociones que se agitaban en su interior. Había algo en él que la desconcertaba, una mezcla de atracción y temor que no lograba descifrar. Pero antes de que pudiera profundizar en sus pensamientos, el sonido de la puerta al abrirse rompió el instante.

Grace giró la cabeza rápidamente y vio al doctor Samuel entrar con una sonrisa amable.

—Buenos días, Grace.

Lucien abrió los ojos al instante al escuchar la voz del médico. Al darse cuenta de su posición, su rostro se llenó de vergüenza. Se incorporó rápidamente, apartándose de Grace mientras se pasaba una mano por el cabello, claramente incómodo. El doctor observó la escena, su mirada deteniéndose en el pañuelo húmedo y el recipiente con agua que aún estaban sobre la mesa de noche. Luego miró a Lucien con una expresión que mezclaba sorpresa y aprobación.

—Veo que tenía razón, señor Stanton —comentó con una leve sonrisa—. Estaba capacitado para cuidarlos.

Grace miró a Lucien, confundida por las palabras del doctor. Sin embargo, él, evitando cualquier contacto visual con ella, se aclaró la garganta y adoptó un tono seco.

—Voy al baño —dijo de manera cortante antes de levantarse y salir de la habitación.

El doctor Samuel se acercó a James primero, revisando sus signos vitales y asegurándose de que estuviera estable. Luego, se dirigió a Grace con una sonrisa amable.

—Bueno, Grace, veamos cómo estás tú. —Le tomó el pulso y comenzó a revisar su estado general mientras hablaba—. He estado pensando mucho en ti desde ayer, ¿sabes? He estado tratando de recordar dónde te había visto antes.

Grace se tensó al instante, aunque intentó disimularlo. Su cuerpo se puso rígido bajo la sábana, pero el médico parecía ajeno a su reacción.

—Es curioso, pero me recuerdas mucho al doctor William Bradford —continuó él, mirándola con curiosidad—. ¿Eres su hija, acaso?

El corazón de Grace se detuvo por un segundo. Sintió cómo un nudo se formaba en su estómago, apretándole el pecho. Sin embargo, tomó aire y controló sus nervios antes de responder.

—No. Creo que está equivocado... no conozco a ningún William Bradford. Compartimos el apellido, pero eso es todo.

El médico asintió lentamente, aunque en su rostro se reflejaba cierta confusión.

—Sí, puede que esté equivocado... —dijo, aunque su tono sugería que seguía dudando—. Solo pensé que tenías algún parentesco con él. De todas maneras... el doctor Bradford murió.

Entonces Grace sintió como si el mundo se detuviera de golpe. Su garganta se secó y sus ojos se abrieron levemente.

—¿M-murió? —preguntó, intentando sonar casual, pero su voz apenas fue un susurro.

El doctor Samuel asintió con seriedad.

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