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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 159

C159- PARA MI HIJO.

Lucien irrumpió en la mansión como un vendaval. Sus pasos resonaban en el mármol del vestíbulo, pesados y llenos de furia contenida. Su rostro estaba descompuesto: la mandíbula tensa, los ojos inyectados en sangre y las manos temblando, apretadas en puños. Parecía un hombre al borde del abismo, atrapado entre el miedo y la impotencia.

Los trillizos, que habían estado esperando en la sala, corrieron hacia él. Sus pequeños rostros estaban empapados de lágrimas, y sus voces temblaban al unísono.

—¡Papá! —Emma fue la primera en lanzarse a sus brazos, sollozando.

—Dijeron que se llevaron a mamá... ¡Tienes que traerla de vuelta! —James casi no podía hablar de lo mucho que temblaba.

—Prometiste que nada malo le pasaría. ¡Prometiste! —Olivia lo miraba con los ojos brillantes de llanto y desesperación.

Lucien se detuvo en seco, sintiendo que algo dentro de él se rompía. Se agachó ante sus pequeños, envolviéndolos en un abrazo apretado. Inspiró hondo, controlando el nudo en su garganta. No podía permitirse flaquear. No frente a ellos.

—Voy a traer a mamá, se los juro —dijo con voz ronca, pero firme.

Los tres asintieron con una confianza ciega en él y lo abrazaron con fuerza. Lucien cerró los ojos por un segundo, sintiendo el calor de sus hijos, y luego se puso de pie.

—Señora Hargrove, llévelos arriba. Manténgalos distraídos.

La mujer asintió y, junto con la nana de Grace, guiaron a los niños escaleras arriba. Cuando se aseguró de que estaban fuera de oídas, se dirigió al estudio. Alexander y Alaric lo siguieron en silencio. Apenas la puerta se cerró, Lucien explotó.

—¡Dime qué tratos tenías con Doménico, Alexander! ¡Dime que no sabías nada de esto!

Alexander, con el rostro endurecido por la preocupación, negó con la cabeza.

—Invirtió hace poco más de dos meses en una de las empresas. No imaginé que tuviera otro tipo de interés... mucho menos que aparecería en la iglesia de esa manera.

Lucien apretó los dientes, sintiendo un sabor amargo de impotencia. Fue hasta el minibar, se sirvió un whisky y se lo bebó de un trago. Luego, mientras se servía otro, dijo:

—Quiero toda la información sobre Doménico. Todo. Dónde vive, qué negocios maneja, quién está a su lado. Lo quiero todo, ¡ahora!

Alexander asintió y sacó su teléfono para hacer una llamada. Mientras tanto, Alaric se acercó a su nieto justo cuando iba a beberse el segundo whisky. Antes de que el vaso llegara a sus labios, se lo quitó con brusquedad y lo dejó sobre la mesa con un golpe seco.

—¿Crees que beber va a resolverlo?

Lucien lo miró con los ojos oscuros de rabia.

—Ahora no, viejo. No tengo...

—Sabes muy bien lo que tienes que hacer, Lucien —lo interrumpió Alaric, su voz grave y seria.

Lucien lo miró fijamente, comprendiendo el peso de sus palabras. Su mandíbula se tensó. Sabía a qué se refería. Cuando los trillizos llegaron a su vida, intentó alejarse. Cuando Grace apareció, creyó que podía dejar todo atrás. Había pensado que podría tener una vida normal con ella y con sus hijos. Pero ahora entendía que eso nunca había sido una posibilidad real.

Alaric suspiró y le puso una mano en el hombro.

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