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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 151

C151- NUNCA ESCAPARÁS DE ESTO.

El eco de los pasos en el pasillo de la prisión era frío y constante. Lucrecia avanzaba con el rostro endurecido, mientras los guardias la conducían hacia el patio donde estaban las reclusas. Al llegar Alessia ya estaba allí, sentada con una calma que rozaba lo perturbador. Aunque vestía el uniforme gris de reclusa, su postura altiva y la mirada helada daban la impresión de que la prisión no podía tocarla.

El aire pareció volverse más denso y Alessia apenas levantó la mirada, manteniéndose impasible ante la presencia de su madre.

—¿Sabes lo que has hecho? —preguntó Lucrecia, sin molestarse en suavizar el tono—. Todo esto... todo lo que está pasando... es culpa tuya.

Alessia esbozó una ligera sonrisa, tan fría como el metal.

—¿Mi culpa? —repitió con desdén, sin molestarse en mirarla directamente—. Qué curioso, mamá. Pensé que eras la experta en señalar culpables.

—¡No te burles de mí! —gritó Lucrecia, dando un paso hacia adelante—. Hablaste con la policía. Vendiste a tu propia sangre. ¡Eres una traidora!

—¿Familia? No me vengas con esa palabra. Tu nunca fuiste una madre. Fuiste una manipuladora. Solo hiciste de mí una pieza más en tu tablero.

—¡Hice lo que tenía que hacer para que sobrevivieras! —replicó Lucrecia—. ¡Lo único que hice fue complacer todos tus malditos caprichos! Querias a Lucien y hice todo para que lo tuvieras, ¡incluso ese maldito accidente fue idea tuya!

Alessia se inclinó hacia adelante, con una expresión que mezclaba burla y desprecio.

—Ay mama… no confundas tus fracasos con enseñanzas. Se suponía que debías tener éxito y… fracasaste. Además, me enseñaste a usar a los demás... justo como tú. Y pues… eso hice. ¿De qué te quejas?

Lucrecia sintió que la sangre le hervía y dejó escapar una risa amarga.

—¿Crees que saldrás de aquí? ¿Qué traicionarme te sirvió de algo? Pues déjame decirte niña tonta: Nadie va a sacarte. Ese policía te engañó. Todo lo que hiciste para él no fue más que darle lo que quería. Ya no le sirves, Alessia. Y te va a dejar aquí.

La sonrisa de Alessia se desvaneció en un instante. Y su mirada se volvió afilada, como una cuchilla que buscaba un objetivo.

—Estás mintiendo —susurró, aunque su voz tembló apenas un instante—. El agente Rivas me prometió que me sacaría de aquí.

Lucrecia se echó hacia atrás, disfrutando de la grieta que se había formado en la fachada de su hija.

—Oh, pobre ilusa —respondió con un tono lleno de veneno—. Creíste que eras especial, pero no eres más que un peón descartable y estúpido.

La furia fue instantánea. Alessia se puso de pie, señalándola con el dedo.

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