Entrar Via

LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 11

CAPÍTULO 11 - LUCHAR POR SUS HIJOS.

El avión atravesaba las nubes y Grace no podía controlar los latidos erráticos de su corazón. La anticipación la devoraba. Su pierna se movía frenéticamente, y sus labios viajaban compulsivamente hacia sus uñas, mordiéndolas como si al hacerlo pudiera liberar algo de la tensión que le oprimía el pecho.

Por otro lado, Lucien, sentado a su lado, desviaba la mirada hacia ella cada tanto, sus ojos delineando, casi sin querer, cada rasgo de su rostro. El tiempo había sido generoso con Grace. La madurez le había otorgado una belleza más sólida, más profunda. Había algo en ella que antes no estaba: quizás un aire de determinación, un brillo escondido detrás de esos ojos que tanto tiempo atrás lo habían fascinado. No podía negar que sus hijos llevaban mucho de ella en su esencia. Las sonrisas traviesas de Emma, la tenacidad de Jamee, la dulzura de Olivia… todo volvía a Grace.

Pero cuando sintió que sus pensamientos se ablandaban, algo en su interior lo detuvo. Se obligó a recordar quién era ella en realidad: una mujer sin escrúpulos. Una perra que había vendido a sus propios hijos. Y se repitió que Grace no estaba allí por arrepentimiento, ni por amor. Estaba allí porque James la necesitaba, y una vez cumplida su función, desaparecería de nuevo, como lo había hecho antes.

Grace sintió su mirada fija y giró la cabeza, atrapándolo en pleno acto. Lucien carraspeó, apartando la mirada hacia sus manos, fingiendo interés en sus uñas perfectamente arregladas. Ella tragó saliva con dificultad, reuniendo el coraje que le había faltado durante todo el vuelo.

—¿Cómo son? —preguntó finalmente, con un tono que intentó mantener neutral, pero no pudo evitar que sus nervios asomaran.

Lucien levantó la vista, sorprendido por un breve instante. Pero luego, una sonrisa fría curvó sus labios.

—No finjas esa imagen de madre abnegada, Grace. No te queda —dijo con un deje de burla—. En vez de preguntar por ellos, quizás deberías estar reflexionando sobre James. ¿No te remuerde la conciencia?

Ella apretó los labios, su pecho subiendo y bajando mientras intentaba contenerse. Sin embargo, su voz salió temblorosa.

—No los abandoné. No los vendí, Lucien. Yo...

—¡Basta! —la interrumpió él con una dureza—. ¿No te das cuenta de que todo esto es tu culpa? Si James está enfermo, es por ti.

Grace abrió los ojos con incredulidad por el impacto de sus palabras.

—¿C-culpable?

—Sí, Grace. —Lucien la atravesó con una mirada que destilaba desprecio—. Quizás no te cuidaste durante el embarazo. Tal vez intentaste deshacerte de ellos y algo salió mal. ¿Quién sabe? Pero aquí estamos, con James sufriendo las consecuencias de tus decisiones egoístas.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Grace sin su permiso. Su mandíbula temblaba, pero no de miedo. Era rabia, pura y visceral. Sus manos se cerraron en puños sobre su regazo, sus uñas clavándose en la piel.

—No tienes derecho… —murmuró, con la voz rota al principio, pero luego estalló—. ¡No tienes ningún derecho a decir eso! Tú menos que nadie puedes juzgarme, Lucien.

Las palabras lo hicieron fruncir el ceño, pero Grace no se detuvo.

—¿Dónde estabas cuando mi padre decidió que mi vida no importaba? —siguió, su voz teñida de dolor—. ¿Sabías que nunca me dieron atención médica durante el embarazo? Ni una visita al doctor, ni vitaminas, ni nada. Fue un milagro que James y ellas nacieran vivos. ¡Y tú… tú te atreves a culparme!

Lucien se quedó en silencio, sus ojos escaneando el rostro de Grace, que ahora reflejaba dolor. Y algo en él titubeó, pero su frialdad regresó como un escudo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami!