C109- SEÑORA STANTON.
Grace estaba frente al espejo, ajustando los últimos detalles de su atuendo mientras su nana la miraba con una sonrisa llena de orgullo.
—Ahora sí pareces la Grace que conocí, mi niña —dijo con ternura, cruzando los brazos mientras la observaba.
Emma y Olivia, que estaban sentadas en la cama, la secundaron con entusiasmo.
—¡Sí, mami! Nunca te habías visto tan bonita —exclamó Emma, aplaudiendo.
Grace les sonrió a todas, sintiendo una mezcla de nervios y confianza renovada. Terminó de ajustarse el pendiente y dio una última mirada a su reflejo. La noche anterior había hecho unas compras rápidas, algo que no solía hacer, pero si iba a enfrentarse a Alaric Stanton, lo haría a su altura. No permitiría que él la desestimara por su apariencia.
Además, ¿a qué mujer no le gustaba darse un gusto comprando ropa nueva?
Para ese día, había elegido un vestido ejecutivo de color azul oscuro, ajustado en la cintura, con un escote discreto pero elegante y mangas largas. La falda llegaba justo por encima de la rodilla, dejando entrever unas medias pantys negras que combinaban perfectamente con los tacones de aguja que estilizaron aún más su figura. Su cabello, suelto y en ondas suaves, le daba un toque de sofisticación y feminidad.
Grace se dio la vuelta y preguntó con una sonrisa:
—¿Y? ¿Cómo me veo? ¿Parezco una ejecutiva?
Emma y Olivia aplaudieron emocionadas.
—¡Te ves bonita, mami! Más bonita que nunca —exclamó Olivia con ojos brillantes.
La nana asintió, conmovida.
—Concuerdo. De hecho… eres mi Grace de antes, pero ahora más madura.
Grace soltó una risa ligera y tomó su abrigo marrón que había dejado sobre la silla.
—Pues más me vale verme elegante y bonita, porque gasté gran parte de mis ahorros en esta ropa —dijo con un toque de sarcasmo, haciendo reír a las niñas y a su nana.
La nana se acercó y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, con una mirada cargada de cariño.
—Veo que en eso no has cambiado. Siempre tan ahorrativa, ¿eh?
Grace rió y negó con la cabeza.
―No hay que gastar demasiado en cosas innecesarias, lo sigo pensando. Vere si luego puedo vender esto.
Tomó su bolso antes de inclinarse para besar a sus hijas en las mejillas.
—Mis amores, mamá irá a una reunión. Espero que se porten bien y no hagan travesuras, ¿de acuerdo?
—¡Sí, mami! —respondieron las niñas al unísono, con caritas angelicales.
Grace miró a su nana y también la besó en la mejilla.
—Llámame si son incontrolables. No creo que estés en edad para perseguirlos.
La mujer soltó una carcajada.
—Pero tengo experiencia, ve tranquila. Yo sabré cómo mantenerlos ocupados.
Grace asintió, confiada, y comenzó a caminar hacia la puerta. Sin embargo, al bajar a la sala, se detuvo de golpe. Allí, de espaldas y de pie, estaba Lucien, elegantemente vestido con un traje oscuro que lo hacía lucir devastadoramente guapo. Su presencia llenaba la habitación, y por un momento, Grace sintió que el aire se volvía más pesado.
James, que estaba junto a su padre, abrió los ojos emocionado al ver a su madre.
—¡Mami! ¡Te ves como una reina! —dijo con la emoción propia de un niño de siete años—. ¿Vas a ir a un castillo?
Lucien se giró y su mirada quedó atrapada en Grace. Su corazón se detuvo por un instante al verla tan elegante, tan sensual, tan poderosa. Sus ojos la recorrieron de la cabeza a los pies, deteniéndose en cada detalle, desde el brillo de su cabello hasta la curvatura de sus tacones.
—Grace… —murmuró, tragando con dificultad.
Por su parte, ella tampoco estaba mucho mejor. Aparte de los nervios de enfrentarse a una sala de juntas, ahora tenía que lidiar con Lucien, y él seguía afectándola de maneras que no quería admitir. No obstante, no lo demostró. En cambio, caminó hacia su hijo con una sonrisa cálida.
—Hola, mi amor —dijo, inclinándose para besarle la mejilla y dejando una marca de sus labios en ella.
—¿Vas a salir, mami? —preguntó James, mirando su atuendo con admiración.
—Así es, tengo que atender unos asuntos.
—Papá también saldrá. ¡Él puede llevarte! —dijo el chiquillo con entusiasmo, dejando claro que no perdía oportunidad para intentar juntar a sus padres.
Incluso Lucien se emocionó con esa idea.
—Sí, Grace… A donde vayas puedo llevarte. Incluso esperarte si quieres.
Ella lo miró brevemente antes de responder, con una sonrisa dirigida únicamente a su hijo.

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