C107- PLAN PERFECTO.
Alaric sonrió al ver la expresión de su nieto.
Había soltado la información deliberadamente, después de analizar la situación y darse cuenta de que el contrato era una herramienta invaluable. Si lograba unir a las dos familias mediante el matrimonio, Alexander Blackwell no tendría más remedio que ceder una parte importante de las empresas. ¿Soportar a Grace? Era un precio que estaba dispuesto a pagar por semejante ganancia.
—¿Te sorprendí? —dijo con un tono burlón—. Es algo de lo que no te hablé porque, bueno, como dije, no había mujeres en los Blackwell, así que no lo creí necesario… Sin embargo, Lucien, quiero que sepas que… aun cuando ese contrato está vigente, no aceptaré que…
—¿Por qué existe tal contrato? —lo interrumpió Lucien, su voz cargada de curiosidad y algo de irritación.
Alaric lo miró durante un segundo, midiendo sus palabras antes de responder. Finalmente, se acomodó en su asiento y comenzó a explicar con paciencia, como si estuviera relatando una historia antigua.
—Hace unos 200 años, los Blackwell y los Stanton eran enemigos acérrimos. Ambas familias eran ricas, poderosas, y su rivalidad no hacía más que causar problemas. En ese tiempo, el rey, cansado de los conflictos y buscando evitar más disputas, ordenó que se emparentaran por medio del matrimonio.
Lucien lo miró sorprendido, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.
—¿El rey? —murmuró, incrédulo.
Alaric asintió.
—Así es. El dinero de los Stanton provenía de fincas heredadas y bancos, un linaje respetable y con clase. Mientras que los Blackwell eran simples mineros que hicieron fortuna cavando en la tierra. No tenían ningún grado social, algo que, por supuesto, enfureció a nuestros antepasados. Pero dado que el rey dio esa orden, no tuvieron más remedio que cumplirla.
Lucien seguía sin palabras, su mente girando en torno a la arcaica idea de un contrato matrimonial que aún los ataba después de tantos años.
—Así que se hizo por un tiempo —continuó Alaric—. Y con el pasar de los años, los negocios se mezclaron, convirtiendo a ambas familias en dos de las más poderosas. Al ver tal ventaja, el contrato se volvió generacional. Una tradición, si quieres llamarlo así.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami!