Pasó un buen rato antes de que se separaran lentamente.
Las mejillas de Almendra tenían un leve rubor. Se recargó en el hombro de Fabián y pudo escuchar los fuertes latidos de su corazón.
Fabián bajó la mirada hacia Almendra, que estaba en sus brazos, con una expresión tan tierna que parecía derretirse.
—Gracias, Alme.
Gracias por querer casarse con él. Se sentía como si estuviera en un sueño, con miedo de despertar y que ella ya no quisiera aceptarlo.
La fiesta comenzó oficialmente y los invitados se acercaron para felicitar a la pareja.
Fabián sabía que a Almendra no le gustaban ese tipo de eventos, así que le susurró al oído: —¿Salimos a tomar aire?
Almendra se sorprendió un poco, pero luego sonrió y asintió.
Aunque no podía ver, sentía el bullicio y el ruido del salón, y las constantes felicitaciones no les daban ni un respiro.
Finalmente encontraron una oportunidad. Fabián tomó a Almendra de la mano, atravesaron la multitud y salieron del salón.
Cuando Fabián empujó las puertas, una ráfaga de aire fresco y frío los golpeó, haciendo que Almendra se estremeciera ligeramente.
Fabián la abrazó más fuerte de inmediato, se quitó el saco y se lo puso sobre los hombros.
—Cuidado, no te vayas a enfermar.
Almendra asintió con una sonrisa: —Sí.
De pronto, sintió que algo suave le caía en la mejilla, algo frío.
Levantó un poco la cara y sintió caer más de esas cosas frías sobre su rostro y sus pestañas.
—¿Está nevando? —preguntó en voz baja.
Fabián miró los copos de nieve en el rostro de Almendra con ojos llenos de adoración: —Sí, está nevando.
No muy lejos de allí, una figura alta y oscura observaba fijamente en su dirección sin moverse.
Después de un largo rato, murmuró: —Fabián, si le fallas, te mato yo mismo.
Después de la fiesta de presentación, ambas familias comenzaron a hablar de la boda.
La familia Reyes quería que Almendra pasara el Año Nuevo con ellos.
Al fin y al cabo, acababa de regresar este año; casarla antes de terminar el año se les hacía muy difícil de aceptar.
Así que propusieron que la boda fuera en primavera, después de las fiestas.
La familia Ortega entendió y estuvo de acuerdo; Almendra acababa de recuperar a su familia y necesitaba tiempo para convivir con ellos.
—Entonces así quedamos. Esperaremos a la primavera, elegiremos una buena fecha y que los muchachos se casen por todo lo alto —dijo Yago apoyado en su bastón, con una sonrisa de satisfacción.
Esteban también asintió sonriendo: —Claro que sí, es una gran alegría para las dos familias, hay que celebrarlo a lo grande.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada