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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1332

Este niño…

Fabián, viendo la escena tan tierna entre madre e hijo, sintió una punzada de celos y se acercó.

—Campeón, papá también extrañó a mamá, déjame abrazarla un poquito, ¿sí?

El niño escondió la cara en el cuello de Almendra y refunfuñó:

—¡No! ¡Mamá es mía!

Almendra soltó una risita ante la dinámica de los dos. Acarició la cabeza de su hijo y luego extendió la mano hacia Fabián.

Él entendió el gesto de inmediato y acercó su rostro a la palma de su mano. Almendra le acarició la mejilla con suavidad.

Ese era el gesto favorito de Almendra cuando estaba ciega. Incluso ahora que había recuperado la vista, a veces lo hacía por costumbre. Y Fabián lo disfrutaba como nadie; le encantaba sentir la mano de ella en su rostro. Era como si lo tranquilizara.

Pero, ¡qué situación! ¿Quién le mandaba tener un hijo que peleaba por su atención todos los días?

Fabián tomó la mano de ella y se la llevó al pecho.

—Viendo cómo consientes al niño, me voy a poner celoso —dijo él—. Deberíamos tener otro hijo, para que él sepa lo que se siente que le roben el cariño.

Almendra se sonrojó y le dio un golpecito en el brazo.

—Peleando con tu propio hijo por celos, qué inmaduro eres…

Bernardo levantó la cabeza, con los ojos llenos de curiosidad.

—Mami, ¿qué es eso de otro hijo? ¿Me van a dar un hermanito?

Fabián le apretó un cachete al niño, sonriendo.

—Así es. Para que tengas con quién jugar.

Bernardo ladeó la cabeza, imaginándoselo.

—¿Y el hermanito me va a querer quitar a mi mamá?

Fabián tomó al niño de los brazos de Almendra y lo cargó él mismo.

—Vamos a casa, allá te explicamos.

***

El coche entró lentamente en la Hacienda La Almendra. El muro de rosas del jardín estaba en plena floración.

En cuanto bajaron a Bernardo, el niño salió corriendo con sus piernitas cortas para avisarle a su bisabuela, y su voz clara resonó a lo lejos:

Capítulo 1332 1

Capítulo 1332 2

Capítulo 1332 3

Bernardo trepó a la cama con cuidado y se acurrucó junto a ella, pegando su cuerpecito al de su madre. Su respiración tibia le hacía cosquillas en el cuello.

Fabián se acostó del otro lado y extendió el brazo para abrazarlos a los dos.

—Te amo, mami —murmuró Bernardo, dándole un beso suave en la mejilla, con esa voz tierna y llena de apego.

Almendra cerró los ojos, con una sonrisa de felicidad en los labios, y tomó la manita de su hijo.

Fabián se inclinó y le dio un beso en la frente.

—Descansa. Que sueñes bonito.

Afuera, el canto de los grillos era constante; adentro, solo se escuchaba la respiración tranquila de la familia.

En ese pequeño refugio lleno de amor, el tiempo parecía haberse detenido. Todo el ajetreo y el cansancio se disolvieron en la calidez de ese instante.

Solo quedaba una paz infinita y una sensación de hogar, fluyendo suavemente como un río tranquilo, interminable.

***

[Fin]

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