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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1316

Lo que más le preocupaba a Liliana en ese momento era Betina, así que suavizó la voz de inmediato:

—Betina, ya regresé. ¡Ahora mismo voy a darle su merecido a esa maldita de Almendra!

Al escuchar eso, Betina se emocionó al instante:

—¿De verdad, Liliana?

Liliana asintió:

—Sí. Ahora ella está ciega. ¡Mientras se atreva a salir de la casa de los Reyes, tengo la forma de ponerle las manos encima!

—¡Bien! ¡Liliana, en serio, muchas gracias!

Liliana respondió con una risa fría:

—¡Cuando la capture, te llamaré para que veas con tus propios ojos lo miserable que se ve!

—¡Trato hecho!

La noche era oscura como la boca de lobo, envolviendo toda la ciudad en tinieblas.

Almendra, con gafas oscuras, caminaba por la calle del brazo de Eva.

El viento nocturno soplaba con fuerza, haciendo crujir las hojas de los árboles como un presagio del peligro que se avecinaba.

—Alme, ¿de verdad tenemos que hacer esto? Es demasiado peligroso —susurró Eva, con la voz llena de preocupación.

Almendra mostró una leve sonrisa de confianza.

—Tranquila, todo está dentro del plan. Liliana y los suyos no me matarán tan fácil; vamos a seguirles el juego.

»Solo así podremos sacarles cuál es su verdadero propósito y dónde se esconde Álex.

La gente de Liliana ya estaba acechando alrededor de la residencia Reyes, buscando una oportunidad. Almendra no podía dejar de cooperar.

Justo cuando doblaron hacia un callejón, un grupo de hombres vestidos de negro surgió de las sombras.

Almendra levantó la cabeza despacio. Aunque sus ojos no podían ver, su expresión era completamente serena.

—Liliana, ¿crees que te saldrás con la tuya? No estás haciendo más que dar patadas de ahogado.

—¿Patadas de ahogado?

Liliana soltó una carcajada que resonó en el edificio vacío, sonando especialmente siniestra.

—¡Hoy vas a saber lo que pasa cuando te metes conmigo! ¡Muchachos, denle una lección!

Unos hombres se acercaron con látigos en las manos, haciéndolos silbar en el aire con un zumbido amenazante.

De repente, a Liliana se le ocurrió algo.

—¡Esperen! ¡Esperen a que llegue Betina! ¡Dejen que Betina lo haga con sus propias manos!

Betina odiaba tanto a Almendra que sería perfecto dejarla desquitarse.

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