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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 513

Ya para la tarde, la luz del sol que entraba por la ventana había perdido su intensidad.

Mariana había dormido un rato y se veía mucho mejor. Entró a la habitación con unos recipientes de comida que le había mandado Horacio.

Al entrar, se topó con Nelson exactamente en la misma posición en la que lo había dejado por la mañana: sentado a los pies de la cama.

—¡Nelson!

Mariana notó su barba de varios días y le dijo:

—Ve a descansar un rato, ¡yo me quedo cuidándola!

Nelson giró la cabeza lentamente.

—Señora Mariana, estoy bien.

Mariana negó con la cabeza, en claro desacuerdo.

—¡Llevas un día y una noche sin pegar el ojo! Ni alguien hecho de hierro aguantaría. ¡Hazme caso y ve a la sala de descanso de al lado a dormir un poco!

Nelson guardó silencio unos segundos, pero al final asintió.

—Está bien. Si pasa algo, hábleme de inmediato.

Salió de la habitación, pero en lugar de dirigirse a la sala de descanso, caminó hacia las escaleras de emergencia al final del pasillo.

Subió los escalones uno a uno, hasta que empujó la puerta que daba a la azotea.

Allá arriba el viento soplaba con fuerza, zumbándole en los oídos.

Se acercó a la orilla y se aferró a los fríos barrotes de metal.

Hacía muchos años, ese lugar no tenía ninguna barandilla de seguridad.

De un salto, la cruzó y se quedó sentado en el borde, observando el incesante ir y venir de los autos y la gente allá abajo.

Dejó que el viento alborotara su cabello y también sus pensamientos.

Ese lugar tenía una especie de magia; los ruidos de la ciudad se escuchaban distantes y ahogados, como si pertenecieran a otra dimensión.

Por eso, cada vez que iba ahí, lograba desconectarse temporalmente del caos del mundo exterior.

Pero ese día, ni siquiera estando ahí lograba encontrar un minuto de paz.

Todo lo ocurrido en los últimos dos días se reproducía en su mente como una película.

Primero, el accidente de Ivana; verla al borde de la muerte. Luego, la noticia de que había perdido al bebé.

Después, descubrir en sus mensajes que ella ya sabía que estaba embarazada, pero que se lo había ocultado para abortar a escondidas.

Hay ciertas cosas en la vida que, si finges que no existen, te permiten seguir viviendo con normalidad.

Tal vez, podría esperar a que Ivana se recuperara por completo para pedirle una explicación.

Para ese entonces, no importaba cuál fuera el resultado, ¡él sería capaz de soportarlo!

Nelson intentó usar ese razonamiento para aplacar la ansiedad que le carcomía el alma.

Durante dos días seguidos, le habían llovido noticias tan impactantes una tras otra, que sentía que iba a perder la cabeza.

Pero al final del día, todos esos pensamientos se resumían en una sola cosa: la preocupación por ella.

En realidad, lo único que importaba era que ella estuviera viva. Todo lo demás sobraba.

Aunque hubiera traición, aunque hubiera mentiras, aunque ese hijo no hubiera sido suyo, ¡estaba dispuesto a aceptarlo!

Total, ya todo estaba en el pasado. Podía hacer de cuenta que nada de eso ocurrió jamás.

...

Sin embargo, las cosas empezaron a complicarse.

Porque pasaron tres días enteros, ¡e Ivana no daba ni la más mínima señal de ir a despertar!

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