La familia Velasco decía que ella era egoísta y malvada.
En los círculos de la alta sociedad decían que era una malagradecida con demasiada suerte.
Incluso sus propios amigos se indignaban por él, diciendo que ella no estaba a su altura.
De repente, Vicente se dio cuenta de que nunca les había preguntado a las personas que convivían con ella todos los días.
Qué clase de persona era realmente.
—La señora siempre ha sido muy buena con nosotros... —respondió la señora Lana en voz baja, mientras limpiaba la mesa—. Ella es... de carácter fuerte, pero de buen corazón.
Aquel año en que su hija sufrió de depresión, la señora Lana llegaba todos los días con el rostro demacrado. Hasta el chef le advirtió que tuviera cuidado, o podrían despedirla.
—Pero la señora no me dijo nada malo. Ni siquiera me reclamó... Solo me dijo que llevaba todo el año trabajando sin descanso, y me dio un mes de vacaciones. Además, me dio un buen bono de dinero. La señora me dijo que Villa Serena tenía paisajes hermosos y aire puro, que fuera a ver el Monte Alba, a sentir la brisa del Lago Cristal, que tal vez eso me ayudaría a sentirme mejor.
Se llevó a su hija a vivir allá por un mes.
Aunque la enfermedad de su hija no desapareció por completo, durante ese mes, madre e hija hablaron más que en los últimos veinte años.
Han pasado algunos años, y hoy en día su hija está mucho mejor.
La medicación ha ido disminuyendo y el doctor dijo que en un par de chequeos más, ya no necesitaría pastillas.
—Cuando regresé, me enteré de que un familiar de la señora Tere se había enfermado y estaba en el hospital. Durante ese tiempo, fue la señora quien cuidó sola a los dos niños. Y fue entonces cuando Andrés se quemó con el agua caliente... —Al mencionar ese incidente, la señora Lana no pudo evitar culparse—. ¡Si tan solo hubiera regresado un par de días antes!
Vicente se quedó de piedra.
No recordaba en absoluto que la señora Lana estuviera de vacaciones ni que no hubiera niñeras en casa.
Clara lo había llamado infinidad de veces, y él nunca contestó, pensando que solo quería controlarlo o hacerle un escándalo.
Solo recordaba haber llegado a casa y ver a Andrés quemado. El médico de la familia la miraba con reproche, diciendo que los niños de esa edad eran traviesos y que debía haber prestado más atención, y que por suerte la quemadura no le había alcanzado el rostro.
¿Qué había hecho él en ese momento?
Los recuerdos pasaron por su mente como una película. Recordó su rostro pálido de furia, diciéndole que era una mala madre.
Clara, que estaba asustada y a punto de llorar, estalló en rabia al escuchar sus acusaciones.
Ese día, la sala se volvió un caos. Clara, como enloquecida, echó al médico y rompió todo lo que tuvo a su alcance.
Los cristales rotos volaron y le cortaron el brazo, dejando manchas de sangre.
Él le dijo que era una histérica y salió dando un portazo.
¿Y después?
Esa noche, destrozada, con Andrés quemado y Silvia llorando a mares, ¿cómo logró sobrevivir hasta el amanecer?

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