¿Con una simple frase no solo cancelaba la cena, sino también su sagrada reunión de los sábados?
Paulina se quedó helada.
Vicente ya caminaba hacia la puerta.
—Voy a preguntarle al doctor qué opina.
La sonrisa forzada de Paulina estaba a punto de desmoronarse.
Lucas se dio cuenta de inmediato.
—Paulina, no te pongas triste... ¡Vicente es demasiado leal! Prefiere que el mundo le falle a él antes que fallarle a los suyos. Cuando por fin se divorcie, todo lo que has hecho por él, te lo pagará mil veces más.
Kevin no se mostró tan optimista, solo dijo con tono serio:
—El asunto de la anciana Velasco se ha mantenido en secreto por orden de la familia. Que tú hagas tanto alboroto al respecto, quizás no le haga tanta gracia a Vicente.
—Yo no...
Las palabras de negación murieron en sus labios al encontrarse con la mirada profunda de Kevin.
Al haber crecido juntos, ella podía adivinar lo que pensaban, y viceversa.
Paulina guardó silencio y solo explicó en voz baja:
—En el Santuario de las Mil Bendiciones, me aseguré de dejar todo arreglado con discreción.
Además, en Valle Dorado, la familia Velasco no era la única con ese apellido.
¿Quién iba a saber que esa vela perpetua la había pagado ella?
Si nadie lo sabía, nadie lo relacionaría con la abuela de Vicente.
Le bastaba con que él lo supiera.
—Como sea, solo te advierto una cosa: no te desesperes, podrías terminar arruinándolo todo.
Tras esa advertencia, Kevin se dio la vuelta y salió.
Cuando Vicente llegó a casa, la mansión estaba en completo silencio.
Solo un suave y delicioso aroma a comida flotaba en el aire.
La señora Lana salió de la cocina y habló en voz baja.
—Todos están durmiendo. La señora dijo que la cena es a las siete, y que esta noche verán una película todos juntos.
¿Ver una película?
Vaya... ¡eso era nuevo!
Llevaban cinco años viviendo en la Mansión de la Colina, y la sala de cine estaba acumulando polvo.
¿Ahora que se iban a divorciar le daba por ver películas?
Vicente sintió una punzada de irritación.

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