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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 46

Ya que estaban en Disney, ¿cómo iban a perderse el espectáculo de fuegos artificiales de las ocho y media de la noche?

Le envió un mensaje por WhatsApp a Vicente, preguntándole a qué hora sería el vuelo de regreso.

Vicente no respondió.

En su lugar, fue Julián quien le devolvió la llamada.

—Señora Clara, después de ver los fuegos artificiales, pasen por el puesto de control y diríjanse directamente al aeropuerto. Yo me encargaré de enviar a alguien a empacar las cosas de la villa y llevarlas al avión.

—De acuerdo, ¡muchas gracias por el esfuerzo! —respondió Clara. Justo antes de colgar, no pudo evitar hacer una pregunta de más—: ¿Vicente está bien?

Eh...

Julián miró de reojo a Vicente en el salón principal.

Llevaba más de seis años trabajando como asistente personal del jefe, y si de algo estaba seguro, era de su capacidad para leer sus expresiones.

El jefe estaba claramente molesto.

Pero con quién estaba molesto, Julián no tenía ni la menor idea.

¿Era prudente decirle eso?

Julián dudó por un segundo.

—El jefe está en una cena con unos antiguos compañeros de la universidad. Irá directo al aeropuerto cuando termine.

—Bien, ¡nos vemos en la noche!

Aquella respuesta tan evasiva la hizo sentir que Julián también actuaba raro, pero no sabría decir exactamente por qué.

Los fuegos artificiales definitivamente valieron la pena.

En sus veintiséis años de vida, Clara jamás había presenciado un espectáculo tan majestuoso y abrumador.

Una explosión de colores que iluminó el cielo en un despliegue de absoluta brillantez. Clara no pudo evitar unirse a las jóvenes a su alrededor y gritar de pura emoción.

Y la consecuencia de tanto gritar fue que, durante el viaje de regreso, le dolía la garganta hasta para tragar agua.

En los asientos traseros, los dos pequeños cabeceaban vencidos por el sueño en sus sillas de seguridad.

En cuanto el auto se detuvo junto a la pista y bajaron, la fresca brisa nocturna hizo lo suyo. Antes siquiera de subir al avión, Silvia y Andrés ya se habían quedado profundamente dormidos en brazos de la señora Lana y la señora Tere.

—No las despierten para cambiarles la ropa, quítenles los zapatitos y que duerman así...

—Señora Tere, si Silvia se siente mal en algún momento, asegúrese de avisarme...

Clara las observó entrar a la sala de descanso.

Al girarse, su mirada se detuvo de golpe.

En los sillones del área VIP, Vicente estaba reclinado con la cabeza echada hacia atrás sobre un cojín mullido.

El espacio a su lado estaba completamente vacío.

—¿Y la señorita Paulina?

Clara se giró hacia Julián para preguntarle.

Apenas pronunció esas palabras.

Se encontró con la mirada gélida de Vicente clavada en ella.

—¿La extrañas tanto?

¿Eh?

¿Qué clase de comentario era ese? ¡Ni que fuera su gran amor platónico!

Recordó aquella llamada sin sentido de la tarde.

Y luego notó el evidente enrojecimiento en los ojos de Vicente, prueba clara de que el alcohol ya había hecho su trabajo.

Clara decidió no rebajarse a discutir con él.

Pero era evidente que Vicente no pensaba igual.

Clara se dio la vuelta para ir a la sala de descanso.

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