Vicente vestía un traje impecable que resaltaba su figura imponente; su rostro serio lo hacía parecer tan inalcanzable como un dios en la cima de una montaña.
A su lado, Paulina, con un elegante vestido negro, lucía tan majestuosa como un cisne. Tenía una expresión de profunda preocupación, e incluso las arrugas en su frente al fruncir el ceño la hacían ver hermosa.-
Parados en medio de la caótica terminal de autobuses, ambos lograban que el entorno gris y sucio pareciera iluminarse, como si estuvieran en la pasarela de un desfile de modas.
Y a su alrededor, decenas de guardaespaldas vestidos de negro esperaban la orden de actuar.
—Bloqueen toda la terminal. ¡Ningún vehículo sale de aquí!
Ordenó Vicente con voz gélida.
Clara corrió hacia ellos para detenerlo.
—¡No pueden hacer eso!
Al encontrarse de frente con el rostro enloquecido, los ojos inyectados en sangre y el aspecto desaliñado de Clara, Paulina supo de inmediato que había valido la pena el esfuerzo de ir hasta allá.
—Clara, es una emergencia. En este momento crítico, lo mejor es que escuches a Vicente.
En el pasado, solo escucharla decir su nombre de esa forma tan íntima habría hecho que Clara perdiera los estribos.
Pero en ese momento, las pequeñas provocaciones de esa mosquita muerta le importaban un bledo.
Clara solo tenía ojos para Vicente.
—¡Vicente, no puedes bloquear la terminal! ¡Si lo haces, los alertarás! Si esa persona se da cuenta de que los estamos buscando, aprovechará el pánico para escapar. ¡Si perdemos la oportunidad de oro, encontrar a Silvia será buscar una aguja en un pajar!
Vicente frunció el ceño, mirando a la mujer frente a él que analizaba la situación con frialdad. Era como si la estuviera viendo por primera vez.
Paulina agarró a Vicente del brazo.
—Vicente, ¡no pierdas tiempo! ¡Cada minuto cuenta, Silvia corre peligro!
Vicente le lanzó a Clara una mirada glacial y se dirigió a sus hombres.
—¡Actúen!
—¡Sí, señor!
—...
¡Maldito idiota!
Los guardaespaldas se dispersaron.
Clara dio media vuelta y salió corriendo.
—¡Oiga! ¿Por qué se mete en la fila?
—Qué falta de educación...
—Señora, por favor muestre su...
El inspector de la entrada notó de inmediato el alboroto en la fila y estaba a punto de detenerla, pero Clara, con un salto ágil, brincó el torniquete y se metió de lleno a la zona de abordaje.


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