—¡Silvia!... ¡Silvia Velasco!
El cielo ya estaba completamente oscuro. Clara sostenía un megáfono, con la voz rota de tanto gritar.-
Al tragar, podía sentir el ligero sabor a sangre en su garganta.
Las cámaras de seguridad mostraban que Silvia había llorado un buen rato junto a la fuente de la rueda de la fortuna, hasta que una mujer joven que iba con su propia hija logró calmarla.
La mujer le compró un dulce y se quedó con ella un rato.
Luego, recibió una llamada, como si tuviera que irse a casa. La joven le dijo a Silvia que la esperara ahí hasta que volviera su mamá, y se fue.
Con las manos pegajosas por el caramelo, Silvia fue al baño a lavarse. Al salir, caminó en la dirección equivocada.
Y así, salió del parque y se mezcló entre la multitud.
Al sur del parque de diversiones estaba la bulliciosa calle gastronómica. Una niña tan pequeña entre semejante mar de gente era imposible de rastrear por las cámaras públicas.
La policía ya había enviado una alerta de búsqueda a los teléfonos de todas las personas en un radio de tres kilómetros, pidiendo que la contactaran al primer indicio.
Con cada minuto que pasaba, a Clara ya no le importaba su futuro como mujer millonaria y libre.
Su mente solo gritaba una cosa: ¡Encontrarla! ¡Y rápido!
—Silvia, Silvia...
—Disculpe, ¿ha visto a esta niña?
—Hola, pequeño, ¿de casualidad viste a esta niñita?
—...
Su voz sonaba rasposa, como si le hubieran pasado papel lija por la garganta.
El cabello revuelto se le pegaba a las mejillas bañadas en sudor.
Corriendo desesperada entre la multitud, Clara parecía una loca. Las personas con las que chocaba la miraban con fastidio.
Pero a ella no le importaba nada. —¡Silvia!
En un Maybach estacionado al otro lado de la calle, Vicente observaba a Clara con una mirada profunda, frunciendo el ceño.
¿Estaba montando un espectáculo solo para él?
¿O... realmente era así por naturaleza?
Si esa era su verdadera naturaleza, ¿cómo demonios había perdido a su hija en primer lugar?
Sin mencionar que, ya fuera como esposa o como madre, su comportamiento en los últimos años había sido un completo desastre.
El teléfono sonó.


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