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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 199

Clara se sorprendió y extendió la mano para empujarlo.

—¡Ay!

Vicente le tomó la muñeca, se la frotó suavemente y la miró con indignación.

—¿Tanto asco te doy?

Iba a decirle que llevaba un día y una noche sin bañarse, lavarse la cara ni cepillarse los dientes.

Y quería añadir que no tenía nada que ver con darle asco.

Pero se encontró con la mirada tierna y mimosa de Vicente, como si una mirada más la hiciera perderse para siempre en ella.

Clara se tragó sus palabras.

—¡Así es!

—¡Dices una cosa pero piensas otra! —Vicente no se enojó, simplemente bajó la cabeza y le besó la frente—. Bella durmiente, ¡es hora de levantarse!

Dicho esto, Vicente la soltó, se levantó y fue al baño.

Al perder su abrazo tan de repente, Clara sintió un vacío en el pecho.

Un sentimiento amargo y ácido la invadió.

Necesitaba hacer algo con urgencia para distraerse.

Clara se levantó y vio dos teléfonos en la mesita de noche.

Uno nuevo y uno viejo.

Dos teléfonos blancos.

La pantalla del viejo estaba rota como una telaraña.

Cuando encendió la pantalla del nuevo, vio que el fondo de pantalla era el mismo de siempre: Andrés y Silvia volando cometas.

Clara se quedó paralizada por ese detalle tan tierno y cautivador.

Cuando Vicente salió del baño, vio a Clara envuelta en las sábanas sentada en el borde de la cama, pareciendo un pequeño tamal.

—¿Te duele algo? —Pensando que tal vez había recordado lo sucedido la noche anterior, Vicente se acercó, se arrodilló frente a ella y la miró a los ojos—. ¿Te duele la muñeca o te sientes mal por dentro?

Su lado racional le decía: No respondas, ignóralo, si se va será mejor.

Pero ver a Vicente observándola con tanta atención la hacía sentir como si no tuviera un simple rasguño, sino una enfermedad terminal.

Clara susurró:

—¿Y si me duele la muñeca?

—¡Entonces le doy un besito para que sane! —Vicente extendió las manos, apartó con suavidad sus dedos que se aferraban a las sábanas, le frotó la muñeca con cuidado y luego trajo el botiquín de primeros auxilios.

Le quitó los vendajes, volvió a aplicarle medicina y se los cambió por unos nuevos.

Cuando terminó, Vicente sopló suavemente, como si consolara a una niña pequeña.

Era Yolanda.

Clara se movió un poco, y Vicente la soltó.

Clara contestó la llamada:

—¡Mamá!

—Clara, ¿estás bien? ¿Te puedo hacer una videollamada? —Después de estar preocupada toda la noche, temiendo que Camilo les hubiera quitado importancia a los hechos para no alterarlos, Yolanda no había podido dormir en absoluto.

Le mandó mensajes de WhatsApp a Clara pero no le contestó.

Y no quería llamarla por si estaba dormida.

Durante toda la mañana, Yolanda había estado tan ansiosa como un gato sobre un tejado de zinc caliente.

—Te llamo enseguida... —Adivinando lo que pensaba su madre, Clara colgó la llamada telefónica, abrió WhatsApp e inició una videollamada.

Contestó en un segundo.

Yolanda parpadeó y una sonrisa iluminó su rostro.

Clara llevaba un camisón de color rosa palo y tenía el cabello despeinado; era evidente que acababa de despertar.

Pero lo más importante fue que, aunque solo se veía un hombro, Yolanda pudo notar que Vicente estaba a su lado.

Recordando lo que había dicho Camilo, que él y Vicente habían llegado a tiempo, y que Vicente incluso había llegado antes que él, comprobó que Clara estaba ilesa.

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