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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 189

—Ya que sabes quién soy, debes saber quién es mi esposo. Le llamaré para que te transfiera cien millones ahora mismo...

—¡Ni se te ocurra intentar engañarme! —Patricio agitó la daga frente a la cara de Clara, con la mirada llena de furia homicida—. ¿Crees que me voy a tragar el cuento de que si él transfiere cien millones el banco no lo revisará para intentar engañarme? ¡Estás buscando que te mate!

Clara sonrió con ironía.

—Un corporativo tan masivo como el de los Velasco maneja decenas o cientos de millones a cada instante. Si el banco tuviera que auditar cada transacción, entonces no harían otra cosa más que servirles las veinticuatro horas a esas enormes corporaciones.

Patricio la miró a medias convencido.

Clara levantó un poco la barbilla.

—Solo pruébalo, ¡no pierdes nada! ¿Acaso crees que mi vida vale menos que tu cuchillo si te miento?

Con los ojos moviéndose de un lado a otro, Patricio finalmente mordió el anzuelo.

—¿Estás segura de que llamarás a tu hombre y no a la policía?

—Yo te dicto los números, tú marcas. Tienes el teléfono en tu mano, ¡puedes colgar en cualquier momento!

Patricio sacó su teléfono.

—+5...

¡Bip!

¡Bip!

El teléfono sonó solo una vez y luego se cortó.

La mirada de Clara se tensó, completamente incrédula. Patricio volteó a verla con los ojos llenos de maldad.

—¿Te estás burlando de mí?

Clara quiso decir algo, pero no pudo.

Patricio volvió a marcar el número.

¡Bip!

Una vez más, solo sonó un tono antes de colgarse.

La esperanza en los ojos de Clara se apagó de inmediato. Al ver a Patricio levantar la daga, su voz salió cargada de terror.

—¡Llama a mi hermano! La familia Soler tiene dinero, son solo cien millones, ¡pueden caer a tu cuenta al instante!

—+5...

Aterrada de que Patricio no le creyera, Clara dictó velozmente el número de Camilo.

¡Bip!

—¿Bueno? Hola, ¿quién habla?

La llamada se conectó al primer tono. Apenas Clara escuchó la voz de Camilo, las lágrimas brotaron de sus ojos.

Y él ya no tendría que molestarla nunca más.

Cada quien por su lado.

¡Era perfecto!

Casi podía verse a sí mismo sentado en una silla mecedora en las playas de Hawái, rodeado de lujos.

Con la respiración entrecortada por la emoción, Patricio asintió bruscamente hacia Clara.

Ella habló rápidamente.

—Está bien, que sean quinientos millones entonces. ¿Pueden llegar de inmediato?

—¡Sí! Pero tengo que hacerlo desde la computadora, dame un segundo, ¡voy al estudio!

Se escucharon pasos apresurados del otro lado. Era fácil imaginarse a un joven caminando en pantuflas para ir al estudio.

Patricio no pudo evitar alejar el teléfono de su oreja para revisar la hora.

Eran las 11 de la noche. ¡En un par de minutos a lo sumo, habría quinientos millones en su cuenta!

—Clara, el negocio de los vestidos largos con tu amiga, ¿requiere tanto dinero? —preguntó Camilo en un tono relajado, como si estuviera platicando de cualquier cosa con su hermana.

Clara respondió con nerviosismo.

—La inversión es alta, pero las ganancias también lo serán... Hermano, date prisa, ¡mi teléfono casi no tiene batería!

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