Berenice todavía quería preguntarle a Melisa exactamente cómo había criado esos bichos tan raros, pero en ese momento, Fabricio y Vicente irrumpieron en la habitación con evidente urgencia.
Fabricio traía el semblante serio.
—¡Rincón Azul es una fábrica de drogas!
El rostro de Melisa se endureció.
—¿Una fábrica?
No le extrañaba ahora que la gente de Aldea Resurgente viviera con tanto dinero. Resulta que todo ese lugar era un nido de criminales.
Melisa actuó de inmediato. Fue al cuarto de Berenice, despertó a Gabriel y enseguida marcó el número de Everardo.
Cuando terminó esas llamadas, se volvió hacia Berenice.
—Vas con Gabriel a la entrada del pueblo. En un rato llegará gente. Llévalos directo a Rincón Azul.
Berenice se quedó pasmada al escuchar que Rincón Azul era una fábrica de drogas. Jamás se le pasó por la cabeza que el lugar donde había vivido desde niña fuera, en realidad, un centro de producción de veneno.
¡Eso era gravísimo!
¿Cómo se atrevieron?
Mientras más pensaba, más coraje le daba. Con la cara tensa, respondió:
—No te preocupes, yo misma los llevo.
¡Esa gente no merece andar suelta!
Deberían pudrirse todos en la cárcel.
Nadie debería salir.
...
Melisa, Fabricio y Carolina se dirigieron con rapidez a Rincón Azul. Los pocos vigilantes en la entrada no representaron problema para Fabricio y Vicente, que los neutralizaron sin dificultad.
Al parecer, los de Aldea Resurgente pensaban que con el acceso principal vigilado, nadie lograría entrar a la fábrica, así que dejaron muy poca gente cuidando el lugar.
Por eso, Fabricio y Vicente los eliminaron en un abrir y cerrar de ojos.
Al llegar, Melisa vio con sus propios ojos la magnitud de la fábrica. En su mirada ardía el enojo, más intenso que nunca.
¡Era enorme!
¿Cuánta droga producían todos los días?
¿Y cuánta más mandarían fuera de aquí?
Los billetes que ganaban provenían de la destrucción de otras familias… de la sangre de quienes luchaban por acabar con esa miseria.
¡Esa gente no merecía perdón!
Carolina también vio la fábrica y fue invadida por la rabia, aunque todavía conservaba algo de cordura.

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