El semblante de Bruno cambió por completo.
¿Le había llamado señor Hurtado?
¿Significaba que lo sabía todo?
Bruno miró a Melisa con una mezcla de recelo y asombro.
—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó, con la voz tensa.
No lograba descifrar la expresión de Melisa en la oscuridad, pero escuchó cómo soltaba una risa burlona.
—¿Desde cuándo? Déjame pensar…
Pasaron unos segundos antes de que Melisa volviera a hablar.
—Digamos que fue antes de regresar con la familia Orozco.
Hizo una pausa, luego añadió con tranquilidad:
—Para ser precisa, antes de volver con los Orozco, ya tenía sobre mi escritorio el resultado de la prueba de ADN de toda la familia. Lo de tu identidad, señor Hurtado, sí me costó trabajo averiguarlo. Apenas hace poco logré confirmar esa parte.
Bruno fijó la mirada en Melisa, sin parpadear.
—Entonces, no sólo sabes lo mío. Sabes de Cristóbal, de Florencia y de mí, ¿verdad?
—Mira, al fin acertaste en algo, señor Hurtado —le soltó Melisa con una sonrisa que se notaba hasta en el tono de su voz—.
Bruno no podía ver su rostro, pero el matiz de burla en su risa era inconfundible.
Se quedó en silencio un buen rato. De repente, soltó una carcajada.
—Así que hoy saliste sólo para seguirme, ¿no? Bueno, la neta, te subestimé, Melisa. Jamás imaginé que mi hermana, esa que decían que ni pasaba las pruebas de inteligencia de niña, pudiera esconderse tan bien.
Melisa curvó los labios.
—¿Pruebas de inteligencia reprobadas?
Se rio, y luego se acercó hasta quedar justo frente a Bruno.
La luz de la luna, apenas un suspiro sobre ellos, permitió a Bruno ver el rostro de Melisa con claridad.
Tenía una belleza imponente; cuando sonreía, era imposible no quedarse mirando.
—Creo que tienes una idea equivocada de mí —dijo Melisa mientras le levantaba la cara a Bruno con un dedo—. El aparato de la doctora Isidora para medir inteligencia estaba fallando ese día. Mi resultado no sólo fue suficiente, sino el más alto de todos ustedes. ¿Y saben qué? Ustedes fueron los que no pasaron la prueba. ¿Sorprendido, señor Hurtado?
Bruno sonrió, pero con esa mueca retorcida que anuncia peligro.

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