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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 325

Isidora terminó de hablar y subió rápidamente las escaleras.

No quería quedarse ahí ni un segundo más; sentía que si lo hacía, iba a perder la cabeza.

Melisa se quedó mirando la silueta de Isidora mientras subía, con la mente divagando entre pensamientos que no podía controlar.

Después de un largo rato, soltó una carcajada amarga.

Así que, al final, todo se resumía a eso: el error había sido nacer en el lugar equivocado.

...

—¿Estás bien, prima? —Lucía, con esa sensibilidad que la caracterizaba, notó que el ánimo de Melisa no andaba bien y se le acercó en voz baja.

Melisa dejó a un lado sus pensamientos y contestó sin expresión:

—No pasa nada. Vámonos, hay que ir a la casa del señor Benjamín.

Apenas terminó de decirlo, giró sobre sus talones y salió por la puerta.

Lucía la siguió con la mirada, sintiendo un nudo en el pecho. Luego, volteó a ver hacia las escaleras y no pudo evitar desahogarse:

—La tía Isidora se pasó, ¿cómo puede decir esas cosas? Seguro que Melisa está destrozada.

Natalia frunció el ceño y reviró:

—Esa Isidora de plano ya perdió la razón. Si fuera otra persona, estaría feliz de tener una hija tan sobresaliente, aunque no fuera su favorita. Pero ella no, le echa en cara a Melisa que nació en la familia equivocada. ¿Acaso Melisa pudo elegir dónde nacer? Si no la quería, pues no la hubiera tenido. ¿Para qué traer una hija al mundo si no la vas a querer? Hay cosas que no se entienden.

Natalia, siendo sincera, nunca había tenido la mejor opinión de Melisa. Para ella, Melisa era la que venía del antro, la que podía traer malas mañas a la familia Orozco.

Además, era hija de Isidora, y eso ya era motivo suficiente para ponerle distancia.

Siempre que podía, le soltaba algún comentario mordaz.

Pero en realidad, nunca había visto cómo era la relación de Melisa con Isidora en la casa principal. Solo en las cenas familiares escuchaba a Isidora hablar de Melisa, y casi siempre era para criticarla.

Eso sí, nunca antes la había escuchado decir tan claro que Melisa era un error, que simplemente no la quería.

Escuchar ese tipo de palabras ese día la dejó helada.

En su mente, los padres siempre quieren a sus hijos, porque después de todo, son suyos, los llevaron en el vientre nueve meses.

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