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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 239

Ellos nunca tuvieron una buena relación con Florencia.

Cuando se enteraron de que Florencia había sido cambiada al nacer, y aun así seguía comportándose como si fuera la señorita de la familia Orozco, la gente la menospreció aún más.

Ahora, al verla hacer el ridículo frente a todos, no pudieron evitar sentirse satisfechos.

Por otro lado, los tíos de la segunda y tercera rama de la familia Orozco, desde que supieron que Melisa era la presidenta del grupo MO, enseguida se pusieron de su lado. Incluso ante la pieza que Florencia acababa de tocar, le lanzaron miradas extrañas a Isidora.

Isidora, sintiendo esas miradas como cuchilladas, solo quería que la tierra se la tragara.

Jamás se imaginó que Florencia se atrevería a cambiar la pieza del Maestro Laurel Sagrado por su cuenta, sin siquiera avisarle.

Y lo peor: Florencia ni siquiera se daba cuenta. Creía que había hecho un trabajo extraordinario, completamente absorta en su propio mundo.

Cuando Florencia terminó de tocar, se levantó, orgullosa bajo el foco de luz, como un pavo real mostrando su plumaje.

Pero esperó y esperó, y el salón permanecía en un silencio sepulcral. Ni una sola palma, ni un suspiro de aprobación. Su expresión se congeló al instante.

¿Qué estaba pasando? Había mejorado tanto la pieza, ¿por qué nadie la aplaudía?

¿Acaso todos aquí no sabían nada de piano?

—¿Qué esperas ahí parada, pavo real presumido? —Gabriel torció la boca con una sonrisa—. ¿No me digas que estás esperando aplausos? No puede ser, ¿o sí? ¿De verdad no tienes idea de la porquería que acabas de tocar? Ya bastante daño nos hiciste a los oídos, y todavía te quedas esperando cumplidos. ¿No se te cayó el cerebro en el camino?

—¡Ja, ja!

—¡Ja, ja!

Las palabras de Gabriel hicieron reír a carcajadas a los jóvenes de la familia Orozco.

Florencia se puso roja de la vergüenza, y con la voz a punto de quebrarse, reclamó:

—Gabriel, sé que nunca te caí bien, pero no tenías por qué humillarme así delante de todos. El concurso lo aprobó Melisa, no fue que yo la obligara. ¿Por qué me haces esto?

—Ya hasta ganas de vomitar me diste —le soltó Gabriel—. ¿Acaso no tienes oídos para escuchar la basura que tocaste? Y si no trajiste oídos, mira nomás las caras de los invitados. ¿A quién le gustó lo que hiciste?

Florencia miró a su alrededor; los rostros de todos mostraban incomodidad, como si hubieran soportado una tortura en vez de una pieza de piano.

Capítulo 239 1

Capítulo 239 2

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