Incluso aquellos que hace un momento miraban por encima del hombro a Melisa, ahora la veían con otros ojos.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Isidora, con un tono cortante—. Si dejas que esa mocosa hoy se luzca delante de todos, luego nadie querrá reconocerte a ti como la verdadera hija de la familia Orozco. Te vas a quedar sin ningún lugar.
Florencia mantenía la mirada fija en Melisa, dio un pequeño sorbo a su copa y dijo con desdén:
—Tranquila, esto apenas empieza. He invertido mucho en esta fiesta de presentación, no es para que ella se lleve el espectáculo.
...
Mientras tanto, Jimena buscaba entre la multitud hasta que por fin localizó a Gastón, el presidente del Grupo MO.
Se acercó con paso decidido y le preguntó:
—Gastón, ¿sabes más o menos a qué hora llegará su presidenta? La fiesta ya está por empezar, ¿esperamos un poco más o…?
Gastón sostuvo su copa de vino tinto, echó un vistazo significativo a Melisa —quien se desplazaba entre los invitados luciendo su vestido de diseñador— y respondió:
—Nuestra presidenta ya está aquí.
—¿Ya llegó? —Jimena se quedó pasmada—. ¿Dónde está?
Ella había estado todo el tiempo cerca de la entrada, conocía a la mayoría de los invitados y no recordaba haber visto a ninguna señora de sesenta años o alguien desconocido entrar.
Gastón tomó un sorbo de vino y contestó:
—Está ocupada. Jimena, la fiesta puede comenzar con normalidad. Cuando llegue el momento, ella misma saldrá.
Jimena se quedó en silencio.
[¿Cómo que “cuando llegue el momento”? Si la fiesta ya está comenzando.]
[¿Será que la presidenta de MO no puede salir al escenario por ahora?]
Jimena dudó un momento, pero al final decidió no insistir.
No quería hacer demasiadas preguntas y que Gastón terminara perdiendo la paciencia.
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