Perspectiva de Ella y Sophia
Perspectiva de Ella
—Alexander. Ella. —Sophia se detuvo a una distancia prudente e inclinó ligeramente la cabeza—. Sé que mi presencia aquí es incómoda, pero quería explicar por qué vine.
El brazo de Alexander seguía firme alrededor de mi cintura. La tensión que recorría su cuerpo me tomó por sorpresa. Sabía que había tenido un enfrentamiento con ella y con su familia después de todo lo ocurrido, pero la furia contenida que desprendía ahora era algo completamente distinto.
"Te dije que le importas más de lo que crees", ronroneó mi loba en mi mente.
La ignoré de inmediato, enviándole un pensamiento que básicamente equivalía a mandarla callar.
—Mi prima lejana participa en las elecciones —explicó Sophia rápidamente—. Estoy aquí para apoyarla. —Sus ojos se posaron en mí, y el arrepentimiento que vi en ellos me sorprendió incluso más que la expresión furiosa de Alexander—. No he venido a causar problemas. Te lo prometo.
Observé su rostro con atención, buscando cualquier rastro de mentira. Parecía sincera, eso era cierto. Pero cuando se trataba de Sophia, las apariencias no significaban demasiado.
—Ella… —continuó finalmente—. Te debo una disculpa. Por todo. No importa lo que mis padres hayan hecho, sé que no merecías nada de eso.
Claro. Qué conveniente. Culpar a sus padres.
Sophia podía presentarse allí fingiendo ser la chica inocente que no tenía nada que ver con los crímenes de su familia, pero yo sabía la verdad. Ella y los suyos habían planeado mi secuestro. Habían intentado acabar conmigo.
¿Y ahora esperaba que creyera que simplemente se arrepentía?
"Sí, claro", pensé con amargura.
Pero no iba a darle la satisfacción de saber que conocía toda la verdad. No allí. No esa noche. No con todos observándonos y las cámaras capturando cada movimiento.
—Gracias —respondí simplemente.
No era una aceptación de su disculpa. Solo una forma educada de cerrar la conversación.
Los hombros de Sophia descendieron ligeramente, aunque no pude saber si era alivio o decepción. Sus ojos buscaron los de Alexander, pero la mirada de él seguía tan fría como dos esmeraldas talladas.
No dijo una sola palabra.
Era una despedida silenciosa, y Sophia entendió el mensaje. Asintió ligeramente hacia nosotros antes de perderse entre la multitud, dejándonos solos otra vez.
La voz de Alexander llegó a través del vínculo, baja y firme.

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