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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 163

—Y quizá podrías intentar no derretirte cada vez que uso el vínculo para hablar contigo —añadió con evidente diversión.

Sentí cómo se me calentaban las mejillas, pero respondí rápidamente:

—Todavía es algo nuevo. Solo necesito acostumbrarme.

—Claro...

Justo cuando nos acercábamos a la mesa de bebidas, una joven con un elegante vestido rosa pálido se acercó a nosotros.

—¡Luna Ella! Tenía que decirle que su historia de amor es absolutamente maravillosa. La forma en que el Alfa Alexander la marcó en el hospital cuando más lo necesitaba... parece sacada de un cuento de hadas.

No tenía idea de quién era aquella mujer, pero aun así logré mantener una sonrisa educada ante sus palabras.

—Gracias. Es muy amable de su parte.

—¡Y el bebé! —Juntó las manos emocionada y miró mi vientre—. ¿Cómo se siente? Se ve radiante.

—Me siento muy bien, la verdad. —Esa parte, al menos, no era una mentira—. Alexander me ha estado cuidando mucho.

La mujer sonrió de inmediato.

—Por supuesto que sí. Cuando vi esas fotos de la sesión de embarazo... Diosa, ¡la forma en que él la mira! ¿Cómo supo que era el indicado?

Abrí la boca, pero no salió ninguna respuesta.

Sin saber qué decir, miré a Alexander.

Él me observaba con la cabeza ligeramente inclinada, el cabello rojizo cayéndole sobre la frente. Y entonces lo noté.

¿Acaso esa leve curva en la comisura de sus labios era una sonrisa divertida?

"Lo está disfrutando, ¿verdad? ¿Le divierte verme tan nerviosa?"

Me mordí el interior de la mejilla.

Muy bien. Si quería jugar, entonces jugaríamos los dos.

—Siempre ha sido increíblemente atento conmigo —suspiré con una expresión soñadora, apoyando una mano sobre su brazo mientras con la otra rozaba el collar de diamantes—. Me llena de regalos, aunque siempre le digo que no son necesarios.

Los ojos de la mujer se abrieron de par en par.

—¿Él le regaló ese collar?

Asentí enseguida.

—Sí, me lo dio él. Y esta pulsera también.

Levanté la muñeca y giré ligeramente la mano para mostrar la delicada cadena.

—Dijo que era una prueba de lo mucho que me ama. ¿Verdad, cariño?

Los labios de Alexander se separaron apenas, claramente sorprendido de que hubiera seguido el juego tan bien.

Pero solo tardó un segundo en recuperar su expresión y ponerse esa máscara de felicidad absoluta que todos esperaban ver.

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