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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1402

Al escuchar las palabras de la empleada, la señora Núñez respondió con frialdad:

—Dile que no.

De por sí, no tenía una buena impresión de Regina y nunca había tenido contacto con ella en privado.

Por lo tanto, que se presentara así en su casa le parecía una absoluta falta de respeto.

No tenía ninguna intención de recibirla.

La empleada mostró una expresión de apuro y murmuró:

—Ya se lo dije, señora. Le expliqué que no podía recibir visitas, pero se niega a irse. Sigue esperando en la entrada y dice que pasará cuando usted esté desocupada.

Al escuchar esto, la señora Núñez frunció el ceño, soltó una risa irónica y comentó:

—Vaya, qué mujer tan persistente.

—Como vio que no puede enredar a Federico, ahora viene a molestarme a mí.

Jimena dejó su vaso de agua sobre la mesa, levantó la mirada hacia ella y dijo en voz baja:

—Mamá, tal vez tenga algo importante que decirte. Yo subiré a descansar un rato.

La señora Núñez asintió y le pidió a una empleada que acompañara a Jimena arriba.

Una vez que Jimena subió, dio la orden de que dejaran pasar a Regina.

Era la primera vez que Regina ponía un pie en la residencia de la familia Núñez.

En el pasado, cuando salía con Federico, a la señora Núñez no le agradaba en absoluto, por lo que le tenía estrictamente prohibido llevarla a la casa.

Así que, a pesar de conocer a Federico desde hacía tantos años, jamás había entrado a esa mansión.

El jardín de la propiedad era mucho más grande de lo que se había imaginado.

Caminó detrás de la empleada, atravesó el patio y entró en la sala de estar.

Llevaba una caja de regalo en las manos.

Nada más cruzar la puerta, la empleada se la recibió.

Al ver a la señora Núñez sentada en el sofá, Regina tomó una bocanada de aire para darse valor y se acercó.

—Buenas noches, señora.

La señora Núñez seguía sin mostrar el más mínimo interés en preguntarle a qué había ido.

Finalmente, incapaz de soportar la tensión, Regina rompió el hielo.

—Señora, en realidad vine hoy para hablar sobre Federico y yo.

Al escuchar esto, la señora Núñez por fin clavó su mirada en ella, adoptando una expresión severa.

—¿Sobre Federico y tú?

—¿Y qué tipo de asuntos podrían tener ustedes dos?

Regina reunió todo su valor y la enfrentó con la mirada.

—Señora, sé que antes, por culpa de la familia Serrano, yo no le agradaba en lo absoluto.

—Pero ya he cortado todos los lazos con mi familia y le aseguro que en el futuro no tendré ningún tipo de trato con ellos.

—Federico y yo nos amamos de verdad. De hecho, él se divorció por mi culpa, así que le suplico que nos dé su bendición.

Regina estaba convencida de que la única razón por la que Federico aún no quería formalizar su relación con ella, era precisamente por la oposición de la señora Núñez.

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