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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1403

A fin de cuentas, compartían muchos años de historia juntos. Por más cruel que fuera Federico, era imposible que la olvidara tan rápido.

Por lo tanto, su única esperanza residía en ganarse a la señora Núñez. Pensaba que si lograba convencerla, su relación con Federico estaría más que asegurada.

—Señora, entiendo que antes me guardara rencor porque esperaba más de mí y yo la decepcioné.

—Pero en todo este tiempo por fin he recapacitado. Comprendí que no debí...

La señora Núñez levantó la mano para interrumpirla. Su mirada era de total indiferencia, como si estuviera observando a una desconocida que decía disparates.

—Señorita Serrano —dijo con frialdad.

—Yo no le guardo ningún rencor. Usted y yo jamás hemos tenido trato alguno, así que no hay razones para hablar de resentimientos.

Regina se mordió el labio con nerviosismo y asintió.

—Entiendo lo que quiere decir.

—Solo le pido que nos dé a Federico y a mí una oportunidad.

La señora Núñez la barrió con la mirada y preguntó en tono cortante:

—Y todo este discurso, ¿te mandó Federico a decírmelo, o viniste por tu propia cuenta?

Regina apretó los labios antes de responder:

—Es mi deseo, y también el de Federico.

Al escuchar eso, la señora Núñez soltó una carcajada burlona.

—Señorita Serrano, creí que ya que se había atrevido a buscarme, sería un poco más honesta. No pensé que usaría conmigo el mismo cuento barato con el que engaña a la prensa en Santa Brisa.

—¿De verdad cree que soy tan ingenua como esos periodistas y me voy a tragar sus mentiras?

La expresión de Regina se tensó ligeramente, pero insistió:

—Señora, no le estoy mintiendo.

La mujer mayor la observó con semblante helado.

—Tengo muchos años en el mundo de los negocios. A trepadoras como tú, las veo venir a kilómetros.

La señora Núñez levantó la mano y la hizo callar.

—Suficiente.

—Ya le marqué a Federico.

—Viene para acá en este momento. Ya que afirma que vino a hablar sobre su relación, me parece bastante inapropiado que solo usted esté presente para dar la cara.

Al oír esto, el pánico se apoderó de Regina.

Sin embargo, se aferró al recuerdo de todos los años de amor que había compartido con él.

Tal vez, si Federico veía lo mucho que se estaba esforzando por salvar lo suyo, se le ablandaría el corazón.

Desde que había puesto un pie en esa casa, sabía que se la estaba jugando.

Si ganaba la apuesta, Federico y ella volverían a estar juntos.

Y si perdía, tampoco pensaba darse por vencida tan fácilmente.

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