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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1401

—Mamá me aseguró que eres alguien de toda su confianza —dijo Jimena—, así que a partir de ahora te vas a encargar de las tareas clave de la sucursal.

A Olivia se le iluminaron los ojos al escuchar la responsabilidad que le estaban confiando.

Pensaba que tratar con Jimena iba a ser un infierno. Se imaginaba que, si el matrimonio con Federico no había durado ni medio año, era porque su jefa debía tener un carácter insoportable.

Pero ahora se daba cuenta de que estaba equivocada.

Casi todo lo que sabía de Jimena lo había sacado de chismes de internet y de los comentarios venenosos que le había hecho Regina, la amiguita de su benefactor.

Aunque Regina Serrano nunca insultó directamente a Jimena, siempre encontraba la manera de sugerir que era una mujer complicada, caprichosa y muy difícil de complacer.

A la vista de los hechos, no era cierto en lo absoluto.

Olivia agradeció internamente no ser de esas personas que se dejan llevar por chismes. Qué bueno que no había desarrollado un prejuicio estúpido por culpa de lo que Regina andaba diciendo.

—Mi madrina me pidió que viniera a apoyarla para que usted pueda reposar un poco. Señora Jimena, si en algún momento ve que hago algo mal, por favor corríjame de inmediato —le dijo Olivia con mucho respeto y cortesía.

Jimena asintió levemente.

—Me parece bien.

—Si de casualidad tienes dudas sobre los proyectos y no me encuentras, puedes preguntarle a Violeta.

Olivia asintió de nuevo.

Como a Jimena no le gustaba darle muchas vueltas a las cosas, después de esa breve explicación cortaron la plática.

Olivia recogió las carpetas y se fue a instalar a su lugar de trabajo.

***

Esa misma tarde, al terminar su jornada, Violeta llevó a Jimena hasta la enorme casa de la familia Núñez.

La señora Núñez ya la estaba esperando.

Apenas la vio llegar, fue a recibirla con una gran sonrisa y la tomó cariñosamente del brazo.

—Dime, en este viaje a San Miguel Antiguo, ¿no sentiste muchas molestias?

—El vuelo de regreso siempre pega un poco, debiste haber llegado cansada.

Llevaban una buena temporada sin cruzar palabra.

A esas alturas, su relación se resumía en la de dos personas que se sabían el nombre del otro. Se ubicaban, pero no había ninguna confianza real.

Para entonces, la señora Núñez ya había dado indicaciones en la cocina de tener todo listo para cenar.

Llevó a Jimena hasta el comedor, y enseguida los sirvientes empezaron a poner los platillos en la mesa.

Esta vez, toda la comida estaba preparada sin un solo rastro de olores fuertes, mariscos o pescado.

La señora Núñez se había asegurado de que el menú estuviera perfectamente adaptado a las nuevas náuseas de Jimena.

Con semejantes atenciones, a Jimena se le abrió el apetito y comió bastante bien.

Después de la cena, ambas pasaron a la sala a platicar relajadamente en los sofás.

En ese momento, una de las empleadas de la casa entró, se quedó mirando a Jimena por un segundo y luego se acercó a la dueña de la casa con cierta duda.

—Señora... —dijo en voz baja—. La señorita Regina está en la entrada. Dice que vino a visitarla.

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