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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 503

Kiara acompañó a su abuelo en el jardín durante mucho tiempo.

Lo escuchó platicar, contarle con detalle las anécdotas de los últimos días.

Que la nueva bebida que el cuidador le preparaba estaba deliciosa, que el anciano vecino siempre quería jugar ajedrez aunque nunca ganaba, y que las flores de la plaza del asilo estaban más vivas que nunca.

Kiara solo asentía, fingiendo una sonrisa natural, aunque por dentro sentía que cada minuto era como caminar sobre hielo delgado.

Mientras más tranquilo veía a su abuelo, más miedo le daba que esa calma se rompiera de pronto.

Después de todo, Dionisio era capaz de fabricarle a cualquiera un video falso con ayuda de inteligencia artificial, ¿quién podía predecir qué haría después?

—Kiara… —de repente el abuelo le tomó la mano, con una mirada entre preocupada y cálida—. Dionisio… ¿no vino contigo esta vez?

—Esta vez, él fue quien me ayudó a conseguir un equipo de médicos alemanes. Mira, ya ni siquiera necesito que me ayuden a caminar —dijo ella, forzando otra sonrisa.

Sin aviso, el abuelo se levantó de la silla de ruedas, caminando con energía y orgullo unos pasos.

Kiara sintió un nudo en el estómago; las manos se le helaron, pero solo apretó los labios, conteniendo la amargura en la garganta.

El abuelo suspiró, y le dio unas palmadas cariñosas en el dorso de la mano.

—Estas cosas de jóvenes, el abuelo no debería meterse tanto, pero Dionisio, a veces, no es tan malo. La vez que me enfermé, él fue el que se movió para traerme a los mejores doctores…

Kiara bajó la cabeza, mirando sus manos entrelazadas, sintiendo cómo las uñas casi se le clavaban en la piel.

Ella misma había enviado a su abuelo al extranjero para que recibiera tratamiento en el asilo, y le había pedido a todos que no lo alteraran con noticias fuertes.

Por eso, muchas cosas se las habían ocultado. El abuelo ni siquiera sabía que Dionisio y Daniela se habían casado.

Además, Dionisio era un experto en aparentar.

En su último viaje a Dubái, él había ido a visitar al abuelo varias veces, se ocupó de darle cuidados, hasta le lavó los pies y le cortó el cabello con sus propias manos, haciéndolo sentir querido y atendido.

El abuelo incluso había empezado a perdonarlo, ya hasta pensaba en convencer a su nieta de que volviera con él.

—Ay, hijita, ¿quién no comete errores cuando es joven? Yo también me equivoqué mucho cuando tenía tu edad —comentó el abuelo, echando una mirada de reojo hacia Aarón.

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