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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 501

Ella se dio la vuelta, encogiéndose aún más sobre sí misma, como si quisiera desaparecer.

Aarón la abrazó suavemente por la espalda.

Al rozar con la yema de los dedos la piel delicada de su nuca, notó que estaba ardiendo.

Era el calor que había dejado la pesadilla, la marca indeleble del miedo.

Cerró los ojos un instante, obligándose a calmar la rabia que le bullía por dentro. No podía perder la cabeza ahora; Kiara lo necesitaba sereno.

—Trata de dormir —murmuró de nuevo, esta vez con un tono más dulce—. Aquí estoy, cuidándote. No dejaré que vuelvas a tener pesadillas.

Kiara no contestó, pero su respiración se fue haciendo más pausada.

Quizá era el cansancio, o tal vez el refugio de sus brazos le resultaba demasiado reconfortante, pero terminó por quedarse dormida otra vez.

Esta vez no hubo pesadillas, solo un abismo silencioso, tibio como si la envolviera el agua.

Aarón la mantuvo entre sus brazos, inmóvil, temiendo perturbar ese frágil descanso.

La cabina del avión estaba iluminada apenas por una tenue luz nocturna, que bañaba el rostro pálido de Kiara.

Él la observó en silencio. Había dolor en su mirada, enojo, y también una sombra de miedo apenas perceptible.

Si no hubiera logrado sacarla de ahí a tiempo, las consecuencias habrían sido inimaginables. Las historias sobre la locura de Dionisio solo le habían llegado como rumores, hasta ahora que había presenciado la realidad.

El avión continuó volando durante más de diez horas.

Cuando por fin aterrizaron en Ciudad Celestia, ya había amanecido.

—Kiara, ya podemos bajar del avión.

Ella volvió en sí poco a poco, apretando el chal que la cubría.

—…¿En qué asilo está mi abuelo ahora? Quiero ir a verlo primero.

Aarón frunció el ceño.

—Estás muy débil, creo que debería llevarte primero al hospital.

—No hace falta, estoy bien.

Su voz era baja, pero no admitía discusión.

Se quitó la manta de encima, y al poner los pies en el suelo, se tambaleó.

Aarón se apresuró a sostenerla, su expresión se endureció aún más.

—Mira, ni siquiera puedes mantenerte en pie. ¿Cómo piensas ver a tu abuelo así? Si te ve en este estado, solo se preocupará más.

Kiara bajó la mirada hacia sus manos temblorosas, quedándose callada.

Aarón tenía razón.

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