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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 499

Una hora después…

El carro apenas se detuvo en la entrada privada para pasajeros VIP del aeropuerto cuando Kiara Rodas vio esa silueta tan conocida.

Aarón Tobar vestía un traje gris claro, parado con porte firme bajo el alero del pasillo.

La luz de la mañana caía sobre su mirada amable, tan suave que parecía filtrada por una tela ligera.

—Aarón…

Kiara dudó un segundo antes de empujar la puerta del carro.

Sabía perfectamente lo mal que debía verse en ese momento: el color pálido de sus mejillas y ese cansancio que ya no podía disimular, sin importar cuántas veces se lavara la cara.

Instintivamente intentó subirse el cuello de la camisa, pero sus dedos temblaban tanto que ni siquiera podía hacerlo bien.

—Kiara.

Aarón ya se había acercado, caminando deprisa. Su voz sonaba baja, pero en ella había una calma tan fuerte que lograba tranquilizar el corazón.

Cuando estuvo frente a ella, no preguntó nada.

Simplemente la abrazó, apretándola fuerte, con los ojos enrojecidos.

—Perdóname… Todo es por mi culpa, no supe protegerte.

El nudo en la garganta de Kiara se apretó aún más. No pudo evitar que las lágrimas rodaran por su cara.

Todo lo que había pasado en ese tiempo…

Parecía una pesadilla interminable.

Por más que quisiera decir algo, las palabras se sentían débiles, vacías.

—Perdóname, de verdad… —Aarón gimió apenas, la voz quebrada por el dolor y la culpa.

Siempre se había creído capaz de todo, alguien que no aceptaba límites, que nunca se consideraba menos que nadie.

Y sin embargo…

No pudo proteger a la mujer a la que más quería cuidar.

¿Cómo no iba a sentirse derrotado?

El corazón de Kiara parecía retorcerse de dolor.

—…No me pidas perdón. Esto no tiene nada que ver contigo.

—No digas nada más —Aarón habló con firmeza—. Vámonos ya a Ciudad Celestia. Cuando lleguemos, te juro que haré justicia por ti…

Los ojos de Kiara se llenaron de lágrimas otra vez y ella lo detuvo, desesperada.

—No, Aarón, por favor. Aquí termina todo. No sigas con esto, ya no busques problemas con Dionisio Olivares.

Las venas en las sienes de Aarón se marcaron. Habló con los dientes apretados, cada palabra cargada de rabia.

—Kiara, no tienes que preocuparte, ni mucho menos tenerle miedo. Esta vez, no pienso dejarlo pasar.

—No… de verdad, no lo busques más. Aquí termina todo. —La voz de Kiara tembló. Todo a su alrededor se nublaba.

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