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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 489

Se dejó caer de espaldas en la cama, lanzando el celular a un lado.

La habitación se sentía inmensa y vacía.

Solo podía escucharse el sonido de su respiración, un poco agitada.

—¿Por qué no contesta? ¿Estará ocupado? ¿O simplemente se le olvidó?

Se volteó y, casi sin pensarlo, tomó el celular otra vez, abrió el chat con Dionisio y comenzó a repasar las conversaciones.

Casi siempre era ella quien iniciaba la plática, preguntando cómo estaba, mandando mensajes de ánimo.

Las respuestas de Dionisio eran cortas, formales, como si estuviera hablando con alguien que apenas conocía. Solo una vez le escribió: “Me llegó muy hondo lo que dijiste.” Esa frase, como un dulce, la había dejado saboreándola por días, pero ahora sentía que ese gusto se desvanecía.

...

Ciudad Brumosa.

Hospital Central de Ciudad Brumosa.

Dionisio llevaba dos días enteros cuidando a Daniela, abrumado por el cansancio y la preocupación.

—¿Cómo va todo? ¿Mi esposa ya está mejor hoy?

El doctor, con expresión seria pero más relajada que la última vez, respondió:

—Señor Dionisio, hoy la señora Olivares está mucho mejor que ayer. Todos los indicadores ya están estables. Lo más difícil ya pasó.

—¿Entonces puedo entrar a verla?

El doctor asintió.

—Claro, pero recuerde que no debe quedarse mucho tiempo. No queremos que la paciente se agote.

Dionisio soltó el aire que tenía contenido en el pecho, arregló el cuello arrugado de su camisa y, en silencio, empujó la puerta del cuarto.

Daniela yacía en la cama. Su cara seguía pálida, pero ya respiraba con tranquilidad. El suero colgaba de su muñeca, goteando poco a poco.

Él se acercó despacio, con pasos de pluma, y se sentó junto a ella. Dudó un segundo, queriendo rozar su mejilla, pero al final solo apoyó la mano en la cobija.

Estos dos días lo habían dejado al borde. No había dormido casi nada. El peso de los problemas en el trabajo y la preocupación por Daniela lo aplastaban, y a eso se sumaba la inquietud de no saber cómo estaba Kiara.

En ese momento, sintió que el celular vibraba en el bolsillo.

—Bzz... bzz...—

Le echó un vistazo a la pantalla. Otro mensaje de Carmen.

Arrugó la frente, apagando la pantalla sin dudar.

Para él, Carmen ya estaba en su terreno. No había por qué prestarle atención todo el tiempo. Ya caería cuando fuera el momento.

Se inclinó hacia Daniela y le susurró al oído:

—Daniela, ¿me escuchas? El doctor dice que ya estás mucho mejor. Aguanta un poco más. Cuando te recuperes, nos vamos a casa.

Las pestañas de Daniela temblaron levemente, pero no abrió los ojos.

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