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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 479

Dionisio sentía el calor suave del cuerpo de Carmen en sus brazos, pero bajo la mesa, sus dedos se apretaban con lentitud, conteniendo la emoción que lo recorría.

Contrario a lo que Carmen esperaba, él no correspondió a su cercanía. En cambio, la sujetó suavemente de los hombros y la apartó apenas unos centímetros. Su voz, cargada de una calma que rozaba lo tentador, rompió el breve silencio:

—Señorita Carmen, no hagas travesuras.

Carmen frunció los labios en una mueca juguetona y, sin dejarse intimidar, enrolló los dedos en la corbata de Dionisio.

—De verdad estoy mareada… Me siento tan extraña…

Dionisio, con el semblante perfectamente controlado, dejó que en la comisura de sus ojos se dibujara una leve sonrisa:

—Señorita Carmen, si sigues así, va a ser difícil resistirme.

—Y si te hago daño, no quiero que vengas a llorar después.

Después de decir esto, Dionisio deslizó el brazo por su cintura, primero suave, luego con más firmeza, provocando que todo el cuerpo de Carmen se estremeciera ante ese toque inesperado.

—Señor Dionisio…

—¿De verdad estás tan mareada?

—Sí… Por favor, llévame a mi habitación a descansar —susurró Carmen, con la respiración entrecortada y los ojos fijos en él, brillando con deseo.

Siempre había sido atrevida, sin miedo a mostrar lo que sentía. Y ahora, ante el hombre de sus sueños, el fuego en su interior ardía aún más fuerte.

—Está bien, vamos —respondió Dionisio, soltando una pequeña risa.

Se inclinó y la levantó en brazos, cruzando el salón con pasos largos y seguros rumbo a la habitación.

Carmen, completamente perdida en el momento, se aferró a su pecho como si temiera que pudiera dejarla caer. Alzó el rostro, con los labios rojos y entreabiertos, y le pidió sin rodeos:

—Señor Dionisio, bésame, ¡ya!

Dionisio se apartó apenas, jugando con sus expectativas y aumentando el anhelo de Carmen.

—No me provoques así —reviró, divertido.

—¿Para qué finges ser tan serio? Me invitaste a este lugar… ¿no es porque tú también quieres…? —Carmen le rodeó el cuello con desesperación, acercándolo más.

Dionisio solo sonrió, sin responder, y la llevó directo a la suite presidencial del hotel.

...

Apenas la puerta se abrió con un leve chasquido, Carmen perdió cualquier freno y se abalanzó sobre su cuello.

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