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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 474

Nadie podría movilizar a tantos departamentos en tan poco tiempo y asestar un golpe tan preciso contra sus negocios.

El abogado, al notar la furia contenida en los ojos de Dionisio, se apresuró a recordarle:

—Sr. Dionisio, lo del centro de entretenimiento involucra demasiadas áreas. Si de verdad encuentran algo, podría desatar un efecto dominó y poner en riesgo la cadena de dinero de las otras empresas.

—Le sugiero que el equipo de contabilidad recopile todos los documentos legales de inmediato. También sería bueno contactar a una firma de auditoría de confianza para que haga una revisión externa y así mantener el control de la situación.

Dionisio respiró hondo, obligándose a mantener la calma.

Marcó el número de su asistente personal. Habló con un tono tan seco que cortaba el aire:

—Haz que el centro de entretenimiento cierre todas sus operaciones ahora mismo y coopere con la inspección. Dile al director de finanzas que limpie toda la contabilidad dudosa de inmediato. Cualquiera relacionado con esos movimientos queda suspendido hasta que yo regrese y decida qué hacer.

—Pero, Sr. Dionisio, un cierre repentino nos va a costar muchísimo...

—¿Pérdidas?

Soltó una risa desdeñosa, sus ojos se posaron en la puerta cerrada de la UCI.

—Ahorita lo importante es mantenernos vivos.

Colgó sin esperar respuesta.

El aire en el pasillo se volvió tan denso que parecía que nadie se atrevía a respirar.

Los agentes de la fiscalía seguían vigilando desde no muy lejos, con miradas tan filosas que sentía como si le pincharan la piel.

De pronto entendió cuán despiadada era la jugada de Aarón.

Usó a Daniela para atarlo, y el escándalo del centro de entretenimiento para tambalear sus cimientos. Lo tenía acorralado, sin respiro ni espacio para defenderse.

—Bip, bip—

El monitor de la UCI pitó de nuevo, el sonido cortando el silencio como una cuchilla.

Pero esta vez, no era una alarma, sino la señal de que el ritmo cardiaco se estabilizaba poco a poco.

El médico salió apresurado, y por primera vez en toda la noche, su expresión se suavizó un poco.

—Sr. Dionisio, el corazón de la paciente ya está estable. Aún no despierta, pero ya pasó lo más peligroso.

La tensión que apretaba los nervios de Dionisio se aflojó un poco, aunque justo en ese momento, la herida de su espalda comenzó a dolerle con una intensidad brutal.

Tuvo que apoyarse en la pared, y el sudor empapó su mandíbula, goteando sobre el reluciente piso del hospital.

El abogado lo sostuvo y le habló en voz baja:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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