Kiara negó con la cabeza.
—No, no se puede. Tú no conoces bien este tipo de trabajo. Y menos bajar por un túnel excavado sin limpiar, la pared está floja, un paso en falso y se viene todo abajo. Yo acompañaba a mi papá en estructuras parecidas, te aseguro que sé más de esto que tú.
Luego giró hacia Mauro, su tono se volvió aún más firme.
—maestro Mauro, llevo la Herramienta de Excavación Tolteca y mi linterna de alta potencia. Tú lleva el detector, solo bajamos tres metros. Si algo no cuadra, subimos de inmediato.
Mauro asintió, sacando una cuerda de seguridad de la mochila y amarrándosela a la cintura.
—maestra Kiara, con cuidado. Estos túneles inclinados son los peores, cualquier pedazo de tierra puede venirse abajo.
—…Kiara es más delgada, es menos probable que se atore. Mejor que ella baje con ellos —opinó alguien del grupo con resignación.
—No lo olviden: solo vamos a medir la profundidad, nadie debe bajar directo a la cámara subterránea.
—Está bien, lo tengo claro —contestó Kiara.
Le entregó el otro extremo de la cuerda a Sr. Salinas, quien la tomó con fuerza y repasó una vez más la lámpara del casco de Kiara.
Sr. Salinas tragó saliva antes de hablar.
—Yo me quedo arriba jalando la cuerda. Cada vez que te muevas, avísame con una señal.
—De acuerdo —respondió Kiara, revisando el nudo de la cuerda en su cintura.
Aarón, inquieto, se acercó de inmediato.
—No, no, así no, Kiara. Si tú bajas, no me quedo tranquilo. Yo bajo contigo.
Kiara lo miró de frente.
Con el sol poniéndose a sus espaldas, las venas rojas de los ojos de Aarón delataban la preocupación que lo carcomía.
—Tranquilo, he bajado a cámaras subterráneas muchas veces, no va a pasar nada.
—Solo vamos a medir la profundidad y ver si hay agua acumulada. En un ratito estamos de vuelta, no te preocupes.
Sin dar más explicaciones, Kiara caminó hacia la boca del túnel junto a Mauro.
La entrada era tan angosta que apenas cabía una persona de lado.
El olor a tierra húmeda la envolvió al instante, junto con un dejo de humedad vieja, apenas perceptible.
—Voy primero, sígueme —avisó Mauro.
—Listo —asintió Kiara.
Mauro agarró bien la cuerda y empezó a descender poco a poco por el túnel.

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