—¿Al extranjero? —los dedos de Dionisio se crisparon con fuerza, apretando el celular hasta dejarle una marca profunda en la palma—. ¿A qué país? ¿A qué hospital?
—¿Y yo cómo iba a saber eso?
—Pero escuché que la persona que los acompañaba dijo que, al parecer, se fueron a Suiza. Allá hay muchos hospitales privados de primer nivel, ¿no?
Suiza...
Dionisio sintió como si una ráfaga helada le subiera desde los pies y le paralizara todo el cuerpo.
Para Kiara, lo más importante era su abuelo. Por la salud del viejo, incluso había bajado la cabeza para pedirle ayuda a él. Ahora que el abuelo se iba al extranjero, ¿cómo sería posible que ella no lo siguiera?
Siempre pensó que mientras tuviera a Fernando en sus manos, Kiara no tendría más opción que obedecer.
Jamás imaginó que ella ya había preparado su salida mucho antes.
Canceló la compañía, vendió la casa familiar, se llevó a sus seres queridos.
El Grupo Rodas prácticamente quedó desmantelado, los negocios vendidos, los bienes transferidos a fideicomisos y fondos en el extranjero.
Paso a paso, Kiara se fue borrando por completo de su mundo.
—Ja... —Dionisio soltó una carcajada baja, cargada de una amargura que no podía ocultar.
Salió de la habitación. El olor a desinfectante en el pasillo le quemaba la nariz.
Afuera, el cielo se había oscurecido del todo. Las luces de neón atravesaban los ventanales y le pintaban el rostro de sombras intermitentes, tan inestables como su ánimo en ese momento.
El teléfono volvió a sonar. Era su asistente, con un tono tan cuidadoso que se notaba que iba con pies de plomo:
—Señor Dionisio, ya revisamos los registros de salida en el aeropuerto y el puerto de Río Esmeralda, pero no hay rastro de la señorita Kiara...
—No sigan buscando.
Dionisio lo interrumpió, con una voz tan tranquila que resultaba aterradora.
—Si ella quería irse, seguro encontró mil maneras de hacerlo sin dejar huella.
Cortó la llamada.
Se apoyó contra la fría pared, cerró los ojos.
En su mente no dejaba de repetirse la última mirada de Kiara, tan calmada y decidida, como si viera a un desconocido sin importancia.
Siempre pensó que le había dado suficiente.
Dinero, cariño, poder, protección. Todo lo que él valoraba, estaba dispuesto a compartírselo. Pero justo olvidó que lo que Kiara quería jamás fue eso.
Ella buscaba ser la única.
Buscaba lealtad.
Buscaba un amor limpio, sin manchas.
Qué ironía...
Todo podía dárselo, menos eso.

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