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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 367

—¡Chirridooo!—

El carro de Dionisio se detuvo de golpe, las llantas rechinaron contra el pavimento y el eco del frenazo quedó flotando en el aire, como una amenaza.

Sin perder tiempo, abrió la puerta y salió. Caminó directo, con una sombra en los ojos, hacia el agente inmobiliario que estaba grabando un video promocional. El frío en su mirada era tan intenso que cualquiera habría dado un paso atrás.

—¿Qué pasa con esta casa? ¿Y la familia Rodas, dónde están?

El agente inmobiliario, al reconocerlo, titubeó y retrocedió medio paso, tartamudeando de nervios.

—S-señor Dionisio, esta casa... la pusimos en venta la semana pasada. Dijeron que los dueños se iban a mudar al extranjero, que necesitaban venderla urgente.

—¿Mudarse al extranjero?— Dionisio soltó una carcajada amarga, sintiendo que algo le apretaba el pecho.

En el negocio de los antigüedades, la gente solía creer mucho en los augurios. Los que habían prosperado estaban convencidos de que la casa familiar traía buena suerte. Así que, a menos que estuvieran desesperados, nadie vendería la casa de sus abuelos solo porque sí.

—Sí, nosotros solo nos encargamos de la venta, no sabemos mucho más.— El agente, claramente desinformado, sacó su celular y le mostró el contrato de comisión.

Dionisio apenas le echó un vistazo, le dio la espalda y entró al patio.

Ya no quedaba ni rastro de los empleados de la familia Rodas. Las plantas caras estaban tiradas en las esquinas, y las orquídeas que antes Fernando Rodas cuidaba con esmero, ahora no eran más que flores marchitas y tallos secos.

Entró a la casa.

La sala parecía un mausoleo: los muebles cubiertos con sábanas blancas, el eco de sus pasos resonando en el vacío. Ni un rastro de la vida que alguna vez floreció ahí.

La rabia lo invadió de lleno.

—Kiara, eres una malagradecida... ¿De verdad crees que puedes librarte de mí? ¡En tus sueños!— Dionisio estaba fuera de sí, entre la furia y la impotencia.

Admitía que la había engañado, sí. También que la había manipulado.

Pero sus sentimientos por ella eran sinceros; todo el bien que le había hecho era de verdad.

Para alguien tan calculador y pragmático como él, abrirle el corazón a alguien era casi imposible. No cualquiera regalaba más de cincuenta millones en pensión alimenticia y un edificio comercial de cien millones.

Y ni hablar de todo lo que había hecho por ella: recuperar antigüedades, ayudarla en lo que necesitara, incluso cubrirle cualquier problema que tuviera.

¿No era suficiente?

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