Lorena despertó y, con lágrimas de cocodrilo, empezó a platicar exageradamente sobre la “salvajada” de Daniela, señalándose el chichón en la frente mientras la insultaba, diciéndole loca.
Dionisio escuchaba en silencio, su ceño cada vez más marcado, pero en el fondo de su mente seguía apareciendo la imagen de Daniela dándose la vuelta para marcharse, con la espalda erguida pero llena de una tristeza que le partía el alma.
—Señor, ¿sabe a dónde fue Daniela? —preguntó de repente, volviéndose hacia el mayordomo.
El mayordomo vaciló, sudando frío.
—Señor… La señorita Daniela… Bueno, la señorita Daniela, después de salir del hospital ayer, ya no volvió a ponerse en contacto con la empresa.
Dionisio apretó los puños, un malestar inexplicable se fue apoderando de su pecho.
Rápido, sacó su celular y trató de llamar a Daniela.
Pero ya no entraba la llamada.
—Maldita sea… Primero Kiara me pone de malas, ¿y ahora tú también? No puede ser que todas las mujeres a mi alrededor no me dejen ni un momento de paz…
...
Ya para la tarde.
Dionisio, ignorando la insistencia del doctor y las súplicas de Lorena, se empeñó en salir del hospital.
No era de los que se quedaban de brazos cruzados.
¿Cómo iba a soportar que Kiara se atreviera a desafiarlo de esa manera, a ponerse en su contra así de descarado?
El cielo parecía una sábana gris empapada y pesada, colgando sobre la ciudad.
Dionisio rechazó la compañía de todos, se subió solo a su carro y fue directo a la empresa de Kiara. Sus nudillos se pusieron pálidos de tanto apretar el volante, y la rabia que llevaba en la mirada parecía que podía romper el parabrisas.
Tenía que averiguar por qué Kiara había decidido, sin consultarlo, interrumpir el embarazo. ¿Por qué, justo cuando él pensaba que podrían empezar de nuevo, ella le dio el golpe más duro?
Detuvo el carro junto al edificio de oficinas.
Entró a zancadas al vestíbulo, pero la recepcionista lo detuvo enseguida.
—Señor, ¿tiene cita? —preguntó la chica, titubeando.
—¿Dónde está Kiara? —la voz de Dionisio sonó tan cortante que la joven palideció, encogiéndose en su asiento.
—¿Se refiere a la señorita Kiara? —la recepcionista dudó un poco, pero al final respondió—. La señorita Kiara canceló la empresa hace tres días. Todo el equipo se disolvió…
—¿Qué dijiste? —Dionisio la tomó del brazo con una fuerza que la hizo estremecerse—. ¿Canceló la empresa? ¿Dónde está ella?

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