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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 357

El mismo escenario.

Esta vez, ¿por qué no sentía esa emoción ni esa felicidad?

—¿En qué piensas? —Daniela notó su rigidez y, con suavidad, le acarició la mejilla. El calor de su palma hizo que Dionisio se estremeciera.

—Nada importante, sólo estaba pensando en los detalles de nuestra boda —respondió Dionisio, como si no le diera mayor importancia.

—Pasado mañana ya es el gran día. ¿Cómo va la decoración del lugar? —preguntó Daniela, con una mezcla de ansiedad y alegría.

—Casi todo está listo. Sólo falta que lleguen las flores, que vienen del extranjero. Cuando lleguen, ya quedará todo perfecto —explicó Dionisio.

Daniela no pudo ocultar su emoción.

—Ya no aguanto las ganas, de verdad. ¡Estoy tan emocionada!

Dionisio volvió a acariciarle la cara, con una mirada llena de cariño.

—No te preocupes. Aunque esta vez no invitamos a mucha gente, te prometo que será un día inolvidable para ti.

Daniela pasó la yema de los dedos por las perlas bordadas en el escote de su vestido de novia y, con una voz llena de ilusión, le preguntó:

—Dionisio, ¿qué música crees que deberíamos poner en la boda? Yo quiero que suene la canción que escuchábamos cuando nos conocimos. ¿Te acuerdas de cuál era?

Dionisio estaba revisando la lista de invitados en ese momento. Al escucharla, su mano se detuvo.

¿La canción de cuando se conocieron?

Sin embargo, en su mente apareció una melodía distinta: la que Kiara tarareaba el día de su boda, sentada en el carro, esa tonada alegre que parecía reflejar la luz en sus ojos.

—Pon la que quieras, lo importante es que a ti te guste —contestó Dionisio mientras pasaba la página, con la voz algo apagada.

La sonrisa de Daniela se desvaneció un poco. Se acercó y lo abrazó por la espalda, rodeándolo con sus brazos.

—¿Qué te pasa? Desde hace rato te noto distante. ¿Sigues pensando en cosas del trabajo?

—No —negó Dionisio, soltando sus manos y empujando la lista hacia ella—. Mira, aquí están los invitados. ¿Quieres agregar o quitar a alguien?

Daniela sonrió.

—Así está bien, no hace falta más.

Dionisio frunció el ceño.

—Ella es cercana a Kiara. Si viene, quizá...

Se interrumpió, golpeando la lista con los dedos.

—¿Vamos a dejar los recuerdos para invitados como la vez pasada, con los paquetes de semillas de chía?

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