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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 317

—Kiara, el doctor dice que estás demasiado débil, necesitas descansar —la voz de Dionisio sonaba baja, cargada de preocupación.

Kiara intentó zafarse de su mano, pero él la sujetó aún más fuerte. Su voz, ronca y cansada, se quebró en el aire.

—Dionisio, suelta mi mano…

Dionisio tragó saliva, la miró de frente, notando su cara pálida y esa terquedad que la hacía única. Apenas se encendió la chispa de alegría en su pecho, una sombra la apagó de golpe.

Sabía que, si se ponía duro, solo lograría que ella se cerrara más.

—Kiara, por favor acuéstate bien.

Su voz salía áspera, con una tristeza que apenas podía ocultar.

—No me corras todavía, necesito contarte algo importante.

Kiara frunció el ceño, su tono se volvió distante.

—¿Qué cosa tan importante tienes que decir?

Dionisio se giró despacio, los ojos enrojecidos y húmedos, a punto de soltar las lágrimas que llevaba aguantando. Esa imagen frágil y dolida hizo que el corazón de Kiara se encogiera.

—¿Óscar no sobrevivió?

—No, no es Óscar... Es Vicente. Vicente está muy mal —la voz de Dionisio temblaba, se le quebraba en la garganta.

Kiara intentó sentarse de golpe, pero movió la vía del suero y una gota de sangre brotó de la aguja en su mano.

—¿Qué pasa con Vicente? ¿Qué dicen los doctores?

—Lo diagnosticaron con leucemia. Es un tipo raro, los tratamientos normales no sirven casi para nada.

Dionisio bajó la mirada, parecía al borde de romperse.

—La única esperanza es un trasplante de médula y células madre del cordón umbilical.

El silencio de Kiara se hizo denso, como si de pronto le hubieran echado encima un costal de piedras.

No podía dejar a un niño morir.

Aunque no fuera suyo, aunque apenas lo conociera, si existía siquiera una mínima posibilidad, haría lo que fuera por salvarlo.

—No digas nada más. Llama al doctor, que me hagan la prueba para ver si mi médula es compatible. Si sirve, yo la dono sin pensarlo.

Dionisio supo que había tocado su fibra sensible. Ella siempre había sido una persona buena, incapaz de negarse a ayudar.

Solo faltaba un empujón más.

—Kiara, no se puede hacer la prueba ahora.

—¿Por qué no? —preguntó, sin entender nada.

Dionisio la miró con una tristeza tan honda que se sentía en el aire.

—El doctor te revisó hace un rato... Kiara, estás embarazada.

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