—Aarón, ya de verdad te estás buscando problemas serios…
El pecho de Dionisio ardía como si le hubieran echado una garrafa de vinagre, ácido y a punto de hervir. Sentía unas ganas incontenibles de destrozar a Aarón, despedazarlo y borrarlo de la faz de la tierra.
[Kiara, si no me respondes, voy para allá ahora mismo]
Dionisio inhaló profundo, esforzándose por mantener la rabia bajo control.
De pronto, se le ocurrió una idea.
Rápido, con los dedos volando sobre la pantalla, se hizo pasar por Kiara y le escribió a Aarón:
[Aarón, ya deja de fastidiarme y de acosarme. Yo solo amo a mi esposo Dionisio, nunca voy a enamorarme de ningún otro, mucho menos de ti. Mejor bórrame de tu vida y no vuelvas a molestarme.]
—Fiu—
Al mandar el mensaje, Dionisio exhaló despacio y sintió que por fin algo de la presión se aligeraba en su pecho.
Hoy quería acabar por completo con las ilusiones que Aarón no debía tener.
Al otro lado del teléfono.
Aarón leyó el mensaje y sintió que el mundo se le venía abajo; el corazón le cayó al fondo de un pozo helado.
Tardó un buen rato en asimilarlo.
Solo entonces el ardor en sus ojos empezó a disminuir. Aguantando la decepción y las ganas de llorar, volvió a marcarle.
—Tut, tut, tut…
Dionisio cortó la llamada de inmediato y escribió otro mensaje, esta vez directo y sin compasión:
[¿De verdad eres así de patético? ¿No entiendes lo que te digo? Hasta un perro sería más razonable que tú. Ya te lo dejé clarísimo, ¿por qué sigues humillándote?]
Aarón leyó el mensaje y sintió como si un rayo le partiera el pecho de nuevo.
Ya ni se molestó en escribir, solo mandó un audio:
[Kiara, ¿qué te pasa? Por favor, atiende la llamada, ¿hice algo mal otra vez?]
Dionisio respondió sin titubear:
[Deja de acosarme, ¿sí?]
Aarón insistió:
[Kiara, ¿qué está pasando? ¿Por qué de repente me tratas así? Ayer me diste esa imagen tan valiosa de la época colonial, eso solo puede significar que sí te importo. ¿Acaso mi mamá te dijo algo desagradable?]
[Kiara, no importa lo que haya dicho mi mamá, no le hagas caso. Yo te amo, nadie puede separarnos…]
Al escuchar semejante confesión, la furia de Dionisio creció tanto que casi perdió el control de su cara.
—¡Carajo…!
—¿Cómo que le regaló la imagen de la colonia que vale diez mil millones a Aarón?
Sentía que los pulmones le iban a reventar.
Era como si le estuvieran dando martillazos directos al corazón, uno tras otro, hasta dejarlo completamente hecho trizas.
Cuando él y Kiara salieron juntos, jamás ella se había mostrado tan generosa ni le había dado un regalo de ese valor.
Ahora, sin pensarlo dos veces, se lo daba a Aarón.
—Qué ingenua puede ser… Ni siquiera se han casado y ya va de ofrecida, como si no tuviera dignidad.
Kiara siempre había sido sincera y entregada en el amor.
Cuando se enamoraba de alguien, estaba dispuesta a darlo todo.
Recién se casaron, la familia Olivares justo estaba por cambiar de rumbo y Dionisio se arriesgó con la compra de varias empresas. Eso provocó que se quedara sin fondos y no pudiera cubrir los pagos más urgentes.
Sin pensarlo, ella le prestó más de cien millones para sacarlo adelante.

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