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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 314

Kiara seguía sentada, sin moverse, pero sus dedos temblaban apenas de manera perceptible.

Esa mala corazonada se enredaba en su pecho como una enredadera, apretando cada vez más, hasta dejarla inquieta y con el corazón acelerado.

Sin pensarlo, llevó la mano a su vientre. Todo seguía plano, como siempre, pero la angustia en su interior no hacía más que crecer.

—No puede ser, seguro que no… Después de todo, tomé la pastilla de emergencia.

Sacudió la cabeza con fuerza, queriendo arrancarse esa idea absurda de la mente.

La última vez que estuvo con Dionisio, se había asegurado de tomar la pastilla.

Pero…

Él había sido un desgraciado, un canalla total.

Apenas pasaron un par de días, y otra vez…

Kiara pensó que, como ya se había protegido, no pasaría nada. Por eso, la siguiente vez, no se tomó nada.

Perdida entre sus pensamientos, ni cuenta se dio…

—Tuu, tuu, tuu…

El celular comenzó a sonar.

Kiara regresó a la realidad, y miró la pantalla por reflejo.

Era Aarón.

En ese momento, Kiara estaba tan angustiada que no tenía cabeza para atenderlo. Solo apretó el botón de silencio y volvió a guardar el celular en la bolsa.

Justo en ese momento, Dionisio regresó tras terminar su llamada.

—Kiara, Carlos acaba de llamarme. Ahora mismo están en la bodega que mencionó Marcos. Solo encontraron tres piezas antiguas, y una pintura en su casa.

Se detuvo un instante, para luego añadir:

—Además, Marcos mintió sobre haber prestado nueve antigüedades. Solo tres están realmente prestadas. Las otras, ya las vendió baratísimo a un coleccionista…

Antes de que pudiera terminar, Kiara no pudo contenerse y le dieron arcadas.

—Ugh… —se tapó la boca, pero el malestar no cedía.

Sin pensarlo, corrió directo al bote de basura y se inclinó encima.

Dionisio se quedó helado por un segundo, pero en seguida se acercó preocupado.

—¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?

—No es nada… ugh…

Pero la sensación de náusea aumentaba. Era imposible detenerla.

Dionisio se quedó mirándola, como si algo hubiera hecho clic en su cabeza.

—Kiara… ¿no estarás embarazada?

Kiara se apresuró a negar con desesperación.

—¡No! Imposible, solo… comí algo en mal estado anoche, eso es todo.

—Tranquila, no te alteres. No quiero discutir contigo. Mejor vamos al hospital para que te revisen, si resulta que sí estás embarazada, podríamos necesitar cambiar el tratamiento.

—¡No pienso ir! ¡No estoy…! —Kiara gritó, empujándolo con fuerza.

Se levantó de un brinco, con la clara intención de huir, de escapar de su mirada insistente.

Pero…

Su cuerpo estaba tan débil, no había tenido tiempo de recuperarse.

Apenas se puso de pie, todo se volvió oscuro y perdió el sentido.

Dionisio, en medio del pánico, corrió a atraparla.

—¡Kiara! ¡Kiara, reacciona! ¿Qué te pasa?

Volteó hacia sus hombres.

—Quédense aquí vigilando a Marcos, yo la llevo al hospital.

—Entendido, Sr. Dionisio —asintieron sus colaboradores.

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