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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 303

El semblante de Aarón se volvió aún más pálido, como si la poca sangre que le quedaba se le hubiera escapado de golpe.

Apretaba la mano de Kiara con una terquedad casi infantil, sin querer soltarla.

—Kiara, ¿de verdad el trabajo te importa tanto? ¿Es más importante que yo?

—Además, no me quedo tranquilo si te vas sola a Ciudad Brumosa. Me da miedo que...

El corazón de Kiara dio un brinco, pero aun así le dedicó una sonrisa suave y tranquilizadora.

—No tienes que preocuparte. Yo sabré cuidarme.

Esta vez...

No pensaba bajar la guardia de nuevo. Además de sus guardaespaldas habituales, había contratado a un equipo de seguridad aún más profesional, sin importar el costo, para garantizar su protección.

—¿De veras puedes cuidarte sola? —replicó Aarón, con la voz cargada de preocupación, y el pecho agitado por la ansiedad—. La vez pasada dijiste lo mismo y mira lo que pasó.

Kiara se puso seria, con una expresión decidida.

—Esta vez es distinto. Además, pasó algo en la empresa y tengo que regresar para resolverlo antes de que sea tarde.

—¿Y qué fue lo que pasó?

—Eso no te incumbe, yo lo voy a solucionar —sentenció sin dejar espacio a dudas.

En la habitación del hospital se instaló un silencio espeso.

Esther, que había notado la incomodidad de Kiara, intervino para relajar el ambiente.

—Mira, niña, si tienes asuntos urgentes, ve tranquila. Nosotros nos encargamos de Aarón, no te preocupes.

Aarón se apresuró a protestar.

—¡Abuela!

Esther le lanzó una mirada de advertencia.

—Hijo, no seas terco. Cada quien tiene su vida y su trabajo, no puedes esperar que todo el tiempo estén a tu alrededor.

Después, se volvió hacia Kiara con una sonrisa cálida.

—Cualquier cosa que necesites, si te hace falta ayuda o te metes en un lío, no dudes en pedirnos apoyo.

—Muchas gracias, señora Esther —agradeció Kiara, sin querer alargar más la conversación.

Se puso de pie y se despidió.

Aarón deseaba detenerla, pero conocía el carácter de Kiara. No le quedaba más remedio que dejarla ir, aunque la preocupación seguía royéndole el pecho. Aun así, se juró a sí mismo que buscaría la manera de protegerla a distancia.

...

Poco después.

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