—Ah, ah, está bien.
Carmen salió disparada de la habitación, marcando el número de Kiara mientras corría tras ella.
—Tuu, tuu, tuu...
Kiara apenas se había subido al carro cuando su celular empezó a sonar.
—¿Bueno, Carmen? —contestó.
Del otro lado, la voz de Carmen sonaba tan desesperada como si el hospital se estuviera incendiando.
—¡Kiara! ¿Dónde estás ahorita?
—Aarón ya despertó. Está necio que quiere verte, ¡regresa rápido, por favor!
Kiara frunció el ceño, recordando la hostilidad y los comentarios punzantes de Rebeca apenas unos minutos antes.
En el fondo, no quería regresar.
—Si ya despertó, entonces seguro está fuera de peligro. No hace falta que yo vaya, dile de mi parte que me alegra que esté bien...
Carmen, al escuchar eso, se puso todavía más nerviosa.
—¡No, no, no! Él insiste en verte en persona. ¡Tiene la pierna rota! Si no vienes rápido, te juro que va a salir a buscarte como sea.
Kiara sintió un apretón en el pecho. Por mucho que no quisiera, no podía dejar de preocuparse por el estado de Aarón.
—Mejor vuelve, fue la señora Rebeca quien me pidió que te buscara.
Kiara guardó silencio unos segundos, y al final cedió.
—Bueno, está bien. Ya voy para allá a verlo.
—¡Eso, apúrate!
Colgó la llamada.
Kiara no tuvo más remedio que bajarse del carro y regresar al hospital, resignada pero preocupada.
...
Apenas salió del elevador, Carmen ya la esperaba afuera, tomándola del brazo para arrastrarla casi corriendo.
—¡Rápido, rápido, Aarón no quiere ver a nadie más que a ti!
Cinco minutos después...
—¡Clac!
Carmen abrió la puerta de la habitación con tanta prisa que casi la tira.

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