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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 298

Carmen tenía el rostro iluminado de alegría.

—¡Aarón despertó, ya está bien! ¡De verdad, ya está bien!

—El doctor dijo que mientras despertara en una semana, no habría peligro para su vida. Ese infeliz tiene la vida bien dura, ni el mismísimo diablo se atreve a llevárselo —añadió entre risas.

—¡Hmph! Aarón todavía me debe una, la última vez me pegó y no le he cobrado la cuenta. Si quiere morirse, no le va a ser tan fácil —intervino otra voz, entre bromas y alivio.

Kiara sintió cómo su mano temblaba sujetando el estuche de terciopelo, mientras una oleada de emociones le recorría el pecho. Tenía un nudo en la garganta, a punto de desbordarse en llanto.

Sin pensar, quiso correr tras ellos, pero en cuanto dio un paso, el guardaespaldas de Rebeca le bloqueó el paso.

—Señorita Kiara, por favor, regrese —dijo el hombre, con el semblante impasible.

Carmen intentó suavizar el ambiente:

—Ay, no te lo tomes a mal, Kiara, todos andan muy alterados. Yo entro a ver cómo sigue y en un ratito te cuento, ¿va?

Apenas lo dijo, Carmen se precipitó al cuarto como un torbellino.

El pasillo volvió a sumirse en un silencio incómodo.

Kiara permaneció quieta, mirando la puerta cerrada de la habitación, sintiendo un vacío doloroso en el corazón.

En ese momento, lo único que deseaba era asegurarse de que él estuviera a salvo.

Mientras él estuviera bien, ella podía estar tranquila.

No tenía ninguna intención de aferrarse a él, ni mucho menos de incomodar a su madre.

Pasaron unos minutos.

Carmen salió disparada, visiblemente emocionada.

—¡Despertó! ¡Aarón de verdad despertó! Puede hablar, aunque se nota que está débil. ¡No deja de preguntar por ti!

El corazón de Kiara, que había estado hecho un puño, por fin se relajó. Sus ojos se humedecieron y, por poco, se le escapaban las lágrimas.

—Qué alivio. Solo necesitaba saber que está bien.

—Carmen, entrégale esto cuando puedas. Yo me voy, ¿sí? Te lo encargo.

Le extendió el estuche con sumo cuidado.

—Ten cuidado, ahí dentro hay algo frágil.

Carmen lo tomó sorprendida.

—¿De veras no quieres verlo antes de irte?

Kiara aguantó las ganas de llorar.

—No hace falta. Saber que su vida no corre peligro ya me deja tranquila.

De verdad, eso era lo único que importaba.

Con la fortuna y el poder de la familia Tobar, seguro le conseguirían a los mejores médicos y expertos.

El resto del tratamiento, ya no era asunto suyo.

—¿En serio te vas a ir?

—Adiós —Kiara hizo el esfuerzo de regalarle una sonrisa y se dio la vuelta.

—Oye, Kiara…

Ella ya no respondió y se encaminó directo al elevador.

...

En la habitación.

Aarón había estado inconsciente cuatro días antes de despertar.

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