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La Sangre No Miente, Pero Él Sí romance Capítulo 297

El pasillo del hospital estaba tan silencioso que llegaba a ser inquietante.

El olor a desinfectante, mezclado con un leve aroma de fragancia, invadía el aire y se colaba por la nariz de todos los presentes.

—¿Todavía no llegamos? —Kiara apretó con fuerza el asa de su maleta de seguridad; la yema de sus dedos rozó los relieves del cofre de regalo, como si se aferrara a un último pedazo de fuerza.

—Ya es aquí —dijo Carmen, señalando la puerta cerrada de la habitación.

—La señora Rebeca ha estado adentro tres días seguidos. Apenas conseguimos convencerla de que descansara un rato en la sala de espera.

Apenas terminó de hablar, la puerta de la sala de espera se abrió.

De ahí salió una mujer de mediana edad, vestida con un traje color crema. Su cabello estaba un poco desarreglado, y debajo de los ojos se le marcaban ojeras profundas. A pesar de su evidente cansancio, su porte seguía siendo elegante y lleno de dignidad.

Carmen tomó la iniciativa para presentar:

—Kiara, ella es la mamá de Aarón.

El corazón de Kiara dio un vuelco. Saludó, nerviosa:

—Buenas tardes, señora.

—Señora Rebeca, ella es la Kiara de la que le platiqué —añadió Carmen.

—¿Tú eres Kiara? —La mirada de Rebeca se volvió afilada al posar sobre ella, escaneándola de arriba abajo.

Kiara se tensó, asintiendo con rapidez:

—Mucho gusto, señora Rebeca. Vine a ver cómo sigue Aarón.

—¿Cómo está Aarón? ¿Ha mejorado?

La expresión de Rebeca se ensombreció de inmediato; su actitud era tan dura como distante.

Había mandado a investigar los pasos de su hijo esos días. Ya sabía que él se había empeñado en conquistar a una chica, y que el accidente tenía que ver con ese mismo empeño.

También había mandado averiguar todo sobre Kiara.

En el círculo de familias poderosas, existía una cadena de prejuicios. Familias como la suya despreciaban a quienes no tuvieran conexiones políticas. Sin ese respaldo, lo único que hacían era restar brillo a su linaje.

Por eso, quería que su hijo eligiera a una joven con un perfil como el de Carmen: familia influyente, buenos contactos.

Claro, Kiara tampoco era mala opción en cuanto a estudios y educación. Pero si no hubiera pasado ya por un matrimonio y tenido un hijo, quizás la hubiera aceptado para Aarón.

—¿Así que tú eres la mujer que tiene a mi hijo perdiendo la cabeza? —disparó Rebeca, con un dejo de desdén en la voz.

Después de todo…

Kiara apenas había hecho público su divorcio hacía una semana.

Y solo habían pasado tres meses desde la separación, cuando ya se rumoraba que estaba encima de su hijo.

Una mujer así, tan ligera y poco seria, jamás le iba a parecer suficiente.

A Kiara le punzó el corazón.

—…Señora Rebeca, Aarón y yo solo somos amigos.

—Me dolió mucho enterarme de lo que le pasó, y la verdad estoy preocupada. Solo quiero saber cómo está, no hay otro motivo.

—¿Estás segura?

—Sí, solo eso. Quiero verlo, nada más.

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