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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 69

Luna se acercó haciéndose la tímida.

—Hermana, no culpes a Corina... Ella creció junto a mi hermano, si dice esto es porque de verdad le importa la corporación —luego se giró hacia Corina, con una nota de urgencia apenas perceptible en su voz—. Corina, si mi hermana tiene este puesto, seguro papá y mi hermano estuvieron de acuerdo, así que... mejor dejémoslo así.

—¡¿Cómo que dejarlo así?! —la cortó Corina con dureza—. ¡Primero te roba el proyecto con trucos sucios y ahora usa el título de la familia para pasar por encima de todos! ¿Y qué es en realidad? ¡Una ex presidiaria que viene del campo! ¡Tenerla aquí es una mancha para el nombre de los Quiroz!

La sala entera se llenó de murmullos de asombro.

—¡¿Es en serio?! ¡¿La verdadera heredera viene del campo y estuvo presa?!

—La Corporación Quiroz tiene mucho prestigio, ¡no podemos dejar que una criminal manche nuestro nombre! ¡Esto es inaceptable!

—¡Plaff! —alguien golpeó la mesa y señaló a Mila enfurecido—. ¡Me importa un rábano que seas de la familia! ¡Por ser una delincuente no tienes derecho a estar aquí!

—¡Que se largue! ¡Que la saquen de aquí!

Los gritos de protesta subieron como la marea.

Los empleados, creyendo que tenían el respaldo de Luna y de Corina, pensaron que si mostraban su indignación los iban a recompensar.

César, aunque no dijo nada, sintió un gran alivio por dentro.

Cuando el árbol cae, todos corren a hacer leña. Por muy ruda que fuera Mila, no podría contra toda la oficina.

Si era lista, se iría solita para salvar un poco de dignidad.

Y si Mila se largaba, el puesto sería para Luna; pero al final, ambos estaban en el mismo bando, así que a él no le faltarían beneficios.

Mila pasó la mirada por el grupo de amotinados con total indiferencia. Su rostro perfecto no mostraba ni un gramo de preocupación.

—Fabio.

—¡Sí, diga!

Fabio también estaba empapado en sudor frío, aterrado de que Mila no soportara la presión, renunciara y luego la empresa se desquitara con él.

—Anota los nombres de todos los que están protestando.

—¿Eh? —Fabio parpadeó, confundido.

—A los que están incitando a los demás y faltándole al respeto a su superior, despídelos a todos.

La voz de Mila no fue fuerte, pero cayó como un balde de agua helada, congelando el escándalo en un segundo.

Fabio abrió los ojos como platos, sintiendo cómo la sangre le hervía. ¡Qué agallas tenía la jefa! ¡¿Iba a vaciar todo el departamento?!

—¡Jajajaja! —Corina soltó una carcajada exagerada y negó con la cabeza—. ¡Mila Quiroz, de verdad eres una inútil! ¿Despedirlos? ¡El departamento se paralizaría por completo! ¡Si la corporación se detiene un minuto, perdemos millones! Ay, se nota que los de pueblo no tienen educación. No tienes ni idea de cómo se maneja una empresa, ¡y todavía te pones a dar órdenes!

Con esa inyección de veneno, el grupo de empleados que se había asustado volvió a envalentonarse, como si Corina les hubiera lanzado un salvavidas.

—¡Lárgate, Mila! ¡Una ex convicta no merece trabajar aquí!

—¡Llamen a seguridad! ¡Saquen a esta criminal a la calle!

Corina se quedó aturdida.

Todos en la sala se quedaron helados.

El impacto de esa bofetada fue mil veces peor que escuchar que los habían despedido. ¡Esa era la directora de operaciones! ¡La amante secreta del director Ariel! ¡Y Mila la acababa de humillar frente a todos!

—¡Ahhhh! —Corina al fin reaccionó y soltó un grito agudo—. ¡¿Tú... tú te atreviste a pegarme?! ¡¿Cómo te atreves?!

Mila dio un paso adelante, y la frialdad asesina de sus ojos aplastó cualquier rastro de arrogancia en Corina.

—Corina Vega, siendo directora de operaciones te metes en asuntos que no te incumben. Eso se llama abuso de poder. Empiezas un motín, insultas a la verdadera heredera de la familia y a la gerente de este departamento, causas divisiones y rompes la paz del equipo. Eso se llama traición.

—Dime, escoria, si te pasas las reglas de la corporación por donde quieres y abusas de los demás, ¿por qué no habría de golpearte?

Cada palabra fue como una daga clavándose en el orgullo de Corina.

Por fin sintió miedo de verdad. Entendió que la heredera que acababa de salir de prisión no era un gatito asustado, sino una leona lista para despedazarla.

El corazón de Luna dio un vuelco. ¡Otra vez!

Hacía poco, Mila había usado esa misma actitud dominante e impecable para golpear a su propio padre.

Y ahora, con la misma estrategia, le cruzaba la cara a Corina. Era violenta, sí, pero nunca actuaba sin motivo; siempre tenía la razón de su lado. No era una bestia que atacaba a lo tonto.

César confirmó en ese instante que Mila era alguien intocable. Agradeció a todos los santos no haber abierto la boca. Al ver las caras pálidas y aterradas de los que iban a ser despedidos, supo que su suerte también estaba echada.

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